lunes, 2 de octubre de 2017

Segunda Epifanía


Nunca me había sentido tan abrumado en toda mi vida.

En un segundo, una tarde calurosa, al estar caminando en una calle de mi país llena de gente a mi alrededor, me sentí infinitamente pequeño, sofocado, triste. Las multitudes me agobian y el calor… todos hablando al mismo tiempo, ofreciendo el artículo chino de moda, lo último en películas piratas, los cargadores para cualquier tipo de celular y nada de eso me importaba, nunca me había importado. Me pesó el maletín donde llevaba mis cosas, la ropa que andaba puesta y todos los años que llevo a cuestas… Absolutamente todo me pareció vano y efímero.

No lo soporté más y busqué inmediatamente un lugar con sombra donde sentarme para tranquilizarme un poco, ordenar las ideas...

Cerré los ojos y por un segundo me puse a pensar que estaba en otro lugar, un lugar más fresco. Tal vez en una casa cerca de una montaña y para ser más específico, en una habitación en un tercer piso, algo muy similar a un ático. En ese momento, probablemente, iba a estar anocheciendo y en un gran ventanal, en el fondo, se comenzarían a distinguir las luces de la ciudad. Quizás se escucharían caer unas pocas gotas del aguacero que acababa de terminar, por lo que también, algunas veces, se sentiría una brisa fresca recorrer toda la habitación. No es de extrañarse, que ahí también estuviera ella. Tranquila, apacible y hermosa como siempre; cada respiración suya estando en armonía con la apacible calma del lugar y que sólo se interrumpiría cuando aquella brisa fría hiciera que ella, que dormiría junto a mí, buscara abrigarse un poco más… y en ese segundo fue cuando todo tendría sentido. Vendrían a mí mente cada uno de los eventos que nos habrían llevado hasta ese preciso momento: cada lágrima, cada alegría, cada decisión, las buenas y malas, mis tristezas, sus triunfos y nuestros fracasos, todo, absolutamente todo, habría encajado de manera perfecta para que estuviéramos solos, ella y yo en esa habitación, juntos, sin que nada más importara; lejos de todo aquel agobio, del bullicio, del bochorno y hasta de mi melancolía. Pensé por primera vez en mucho tiempo que había un futuro diferente, lejos de ese insoportable calor y de esta ciudad aburrida. 

He de confesar que aunque no tenía mucho tiempo, me sumergí un poco más en aquella escena, y pensé que quizás, en algún momento de aquella fría tarde, ella, entre dormida y despierta, tal vez me preguntaría que en qué estaba pensando. Yo, como es lo usual, le diría que en nada en particular, como siempre; o quizás, y sólo por esa vez, le contaría una historia, de esas que preparé para los domingos en la noche. Le podría empezar contando que hubo un día, a mediados del verano del 2017, que al estar viendo fotos y documentos viejos tuve un extraño pensamiento que lo acompañó un sentimiento de profunda tristeza: pensé que nunca iba a saber qué estaba haciendo ella el domingo 20 de Mayo del 2007. Y que a esa fecha vinieron otras, y que se me ocurrió esa fecha como se me pudo haber ocurrido otra, que de todos modos esos pensamientos nunca vienen solos. Que me empecé a preguntar, por ejemplo, si ella estaba bien ese día o si se había levantado un poco enferma, o si tal vez, en ese momento, era feliz o si tenía el corazón roto (porque yo sí), o si se estaba aburriendo en esa tarde, porque los domingos, a veces, son un bodrio interminable, no sé… Y le contaría también, que las preguntas siguieron, pero que me detuve en una en específico: “hace 10 años, ¿hubiésemos sido amigos de alguna forma?” Pero que la respuesta era sencilla: “Obviamente no”. Porque seríamos dos personas completamente diferentes a las que solíamos ser en ese entonces; incluso que si por alguna “casualidad cósmica”, de esas que me gustan un poco, nuestro círculos sociales hubieran coincidido en espacio-tiempo, hay muchas posibilidades que nunca nos hubiéramos dirigido la palabra siquiera. Tal vez, porque ella en ese entonces, estaba buscando otras cosas diferentes a las que un tipo como yo podía ofrecer, tal vez otro tipo de amigos, que incluso, tenía otros objetivos de vida; y yo, pues, yo quizá la estaba buscando a ella, aunque en la persona equivocada como siempre. Y que en conclusión, eso pasaba porque cambiamos siempre, ya sea por decisión propia o porque no nos había quedado otra opción. Diré, que por ejemplo, cuántas veces, en este corto espacio de tiempo de diez años, nos habíamos vuelto a reconstruir desde cero, (Yo cuatro). Que hemos ido y vuelto, reído y sufrido, y que también porque variamos incluso las cosas triviales, como nuestro gusto musical, las películas que vemos, o las conversaciones que nos gusta tener…

* * *

Me detuve, paré de pensar. Abrí mis ojos porque un fuerte trueno me sacó de mis cavilaciones. Empezaron a caer algunas gotas, cada vez con mayor frecuencia hasta convertirse en un aguacero. Fue entonces, cuando la vi por primera vez a ella, que llegó corriendo a guarecerse de la lluvia.




“ Bus stop, King William St” de Mike Barr.


domingo, 18 de junio de 2017

Mi viejo

José María Pascual

Recién cuando el tiempo transforma los momentos en recuerdos, uno se da cuenta que es de eso de lo que está hecha la vida: de recuerdos. Esperaba cada anochecer para que él me cargue a los hombros y me haga ver el mundo desde ahí arriba. No sabía qué era eso de volver cansado del trabajo, sólo sabía que era el más fuerte del planeta, y que no podía fallarme nunca. Sólo sabía que por el simple hecho de ser mi viejo ningún problema lo podía afectar, ningún cansancio lo podría abatir, y ningún monstruo se iba a atrever a tocarme si me veía colgado de su cuello. 
A la distancia me doy cuenta de que esos amagues de paliza que venían cuando me mandaba una macana le dolían más a él que a mí. Recién la experiencia me hizo notar que esos hombros llevaban una vida a cuestas cuando yo me les trepaba. ¡Cómo olvidar ese tiempo donde todo era aprender! Cada detalle era para la admiración de mis ojos chiquitos: la afeitada de la mañana, el nudo de la corbata, el volante de ese auto que en sus rodillas me hacía creer que yo manejaba. Los fines de semana se repartían en la ciencia de remontar el barrilete y el picado en el potrero con una pelota nueva de color naranja, cuando me enseñaba cómo había que pegarle, cómo tiene que ir hay al rincón donde no llegan los que atajan y le pegaba suavecito, aunque yo le pedía que pateara con todo. Mis manos se apresuraban para demostrarle que era bueno y, por no sentirme un chico, iba con alma y vida a buscar el pelotazo. Cuando le tocaba a él, yo sospechaba que se dejaba hacer algunos goles, pero nunca decía nada, como nunca le dije que soñaba con jugar en primera y dedicarle mi primer gol. Qué va hacer, son cosas que se callan pero que igual se saben. Qué lindo era ver sus ojos cuando me enseñaba algunos trucos que servían para la vida, aunque la excusa era el fútbol; por ejemplo cómo pasarle grasa a la de cuero, cómo la vida da revancha, cómo atarse los cordones, cómo se pide permiso y cómo hay que decir gracias. Ese tipo del que nunca se termina de aprender, ese que está siempre, aunque ya no nos lleve de la mano. 
Él era el mejor jugador del mundo, el boxeador más fuerte, el piloto más veloz, el más valiente de los indios y el más rápido de los vaqueros. Alguno podrá venir y decirme que es simplemente un hombre, y es verdad, pero hay algo que siempre lo va a hacer único. Único porque no tiene tiempo ni fechas especiales, no tiene nombre ni olvido. Está ahí: en cada afeitada, en cada nudo de corbata, en cada vez que le entro a la pelota, en cada sueño cumplido, en cada caída, en cada vez que pido permiso y en cada vez que digo gracias, porque, además de ser un hombre, y eso ya es mucho, Dios -sí , Dios- quiso que fuera “mi viejo".

miércoles, 26 de abril de 2017

Insomnio

Gerardo Diego

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
-cauce fiel de abandono, línea pura-,
tan cerca de mis brazos maniatado.

Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.



***

A veces, sólo a veces (Mentira, casi siempre), Pedro Guerra hace que situaciones tristes sean musicalmente bellas; con en este caso, dónde el poema describe lo que ocurre cuando una línea se enamora de su paralela...

domingo, 2 de abril de 2017

Primera Epifanía

Últimamente me da por recordar todas las cosas que hice durante mi juventud. Pero el problema que todo esto me provoca es que este ejercicio también me hace recordar las que no hice, y aquí es dónde la situación se vuelve un poco confusa. Puede que sea la melancolía que conlleva ser viejo, estar lleno de canas y de arrugas en el alma; pero pasa y no lo puedo evitar.

Pienso, por ejemplo, en esa tarde soleada de febrero, cuando al estar en una casa de la capital, muy tranquila pese a estar ubicada cerca de una avenida transitada y que no conocía hasta ese entonces, me enamoré perdidamente de la forma en que el sol de la tarde iluminaba sus ojos y su cabello; y como toda ella (con sus defectos, virtudes e historia) se combinaba para darle a mis mortales ojos algo que nunca antes habían visto. Recuerdo también, muy claramente, que no se lo dije, y que nunca lo hice, porque en el mismo instante del milagro tuve una epifanía: nunca íbamos a estar juntos.

Desde ese entonces, vomité “te quieros” hasta olvidar su significado y la visión… Y un día, finalmente, el tiempo me dio la razón.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¿Qué hacer en caso de óbito?

Consejos prácticos para enfrentar la muerte de un familiar cercano.

El fallecimiento de un “ser querido” (que de ahora en adelante será el término que se usará para referirse al recién fallecido) es el tipo de evento que sabemos que puede ocurrir en cualquier momento, sin importar si lo estamos esperando o no, es difícil adivinar el cuándo. Es por esto que aquí se desglosará una serie de consejos que pueden llegar a serle útiles en caso de que por desgracia esto ocurra. Cabe destacar que éstos abarcan sólo aspectos generales, debido a la cantidad de variables que influyen en cada caso, entonces el lector queda en libertad de seguir los que considere necesarios y olvidar, sin ningún tipo de consideración, el resto. Por último, es importante dejar en claro que esta guía no considera ningún aspecto sentimental, como si usted fuera un autómata, esto debido a las distintas formas en cada quién maneja el dolor; eso sí, considere que en muchas ocasiones, durante este proceso, será necesario que el lector deje a un lado sus emociones (o se haga cargo de ellas) para enfocarse en el objetivo principal de este tratado: “¡Seguir adelante, vivo y sin deudas!”.


ANTES

No se puede saber con exactitud la cantidad de tiempo que vamos a disponer antes de enfrentarnos a la eventualidad, por lo que:
  • Ahorre dinero suficiente para solventar los gastos: El monto es relativo y queda a criterio del lector, pero considere que esto no solamente debe incluir los gastos lógicos que conlleva todo el sepelio, sino también gastos de alimentación y transporte. Piense que durante el proceso, nadie en su casa, ni usted mismo, estará dispuesto a cocinar, ni tendrá ganas de hacerlo, por lo que la mayoría de los tiempos de comida (por no decir todos) se harán en un restaurante. Por otro lado, es posible que hayan al menos cuatro personas más, fuera de su núcleo familiar, que lo acompañarán en muy buena parte del desgraciado evento, entonces será importante, como mínimo, devolver la cortesía por medio de alguna invitación a comer, aunque no lo esperen. Finalmente, es importante que dentro de este presupuesto se tomen en cuenta todos los imprevistos que surjan en esos días, por ejemplo, tener que comprar desde pasta de dientes y cepillo porque el almuerzo tenía exceso de ajo, hasta una corbata que dejaste en casas el día del funeral.
  • Consiga un plan de servicios funerarios: Va muy ligado al punto anterior y ayudará a estar mejor preparado en el aspecto financiero. Y no, no es para nada siniestro. Uno de los aspectos a tomar en cuenta es que dicho plan no tenga que ser utilizado por una persona en específico, esto facilitará el proceso en caso de que la muerte de su “ser querido” sea repentina o que no pertenezca directamente a su núcleo familiar. Tome muy en cuenta la localización. Por ejemplo, que la funeraria no quede lejos del cementerio y que sea un punto intermedio y cómodo para que usted y su familia se desplace. No piense en que sea cómodo para las personas que a usted le gustaría que lo acompañen, ellas deberían poder acomodarse. También, evalúe la congestión vehicular en las zonas aledañas; créame, usted no va a querer pasar una hora o más en el tráfico, ya sea en su vehículo o en transporte público, para llegar a la funeraria o al cementerio. Finalmente, averigüe qué ofrece el plan y añada al presupuesto del punto anterior lo que considere que haga falta; por ejemplo, hay ocasiones en que la funeraria no ofrece los bocadillos y las bebidas para las personas que asistan al velorio, por lo que esto debería estar incluido, previamente, en su ahorro para honras fúnebres para no tener que seguir disminuyendo el presupuesto de imprevistos que ya tiene cargado con sus objetos de higiene personal y su corbata.
  • Procure que su “ser querido” tenga su situación legal y financiera al día: Esto casi raya en lo imposible, pero velar porque esto se cumpla ahorrará muchísimos problemas y dinero a mediano y a largo plazo. Es más sencillo (y hasta económico) hacer los trámites legales mientras la persona viva. También, intente tener el conocimiento de las deudas, seguros y ahorros con los que cuenta su “ser querido”; esto ayudará a solventar gastos (incluidas las deudas). Todo esto facilitará la futura conversación incómoda de la herencia, en caso de existir o no; ya que siempre habrá alguien que va a querer parte de lo que el difunto dejó.
  • Perdone todo lo que tenga que perdonar con su “ser querido”, y hágalo con tiempo: Recuerde, lo importante es salir de todo esto vivo, principalmente, y sin deudas; y de todas esas deudas que usted está a punto de adjudicarse, una de las pocas que no va a poder solventar una vez acabado todo, es la de un perdón no dado a tiempo. Aquí estamos en la frontera de lo emocional, pero véalo desde este punto de vista: siempre va a quedar a su lado una persona que usted “ame más” que la que acaba de perecer y a la que usted debe brindar todo el apoyo; se complicarían mucho las cosas si usted guarda un rencor innecesario, y créame, no vale la pena.
Hay muchos otros aspectos a considerar, pero dependen de la relación del lector con el “ser querido”, como por ejemplo: pasar tiempo con la persona, darle las cosas que necesite, etc. Haga llevadero este lapso de tiempo, facilita las cosas durante y después del duelo.

DURANTE

Este lapso es el más definido de los tres, ya que suele durar entre dos y cuatro días, dependiendo del caso, y va desde la tétrica llamada que anuncia la partida de su “ser querido” hasta el día de su entierro. Aunque es una etapa muy corta, es la más importante. Considere que los días se hacen eternos, pero todo pasa demasiado rápido, principalmente porque se duerme muy poco. La clave de este capítulo será, que no importa lo que esté pasando a su alrededor, recuerde SIEMPRE mantenerse en sus cinco sentidos y sea prudente, su “usted del futuro” se lo va a agradecer.
  • Mantenga la calma: No, en serio, mantenga la calma. La noticia es difícil de asimilar, pero no hay mucho tiempo para mantenerse en shock, salga rápido de ese estado. Piense en razones que lo ayuden a hacerlo y consérvelas a mano en caso de ser necesario. Luego, una vez superada esta etapa no cometa la torpeza de interrogar al heraldo de la noticia con un: “¿Es una broma?”, créame, en serio, nadie en su sano juicio bromea con eso. También es un buen momento para liberar algunas emociones, pero con mesura, habrá otros espacios que usted deberá abrirse para esto (más íntimos y suyos), por lo pronto, enfóquese en ayudar a manejar la noticia a las personas amadas que están alrededor suyo, a algunas les va a costar más que a usted, por lo que es importante la prudencia de ahora en adelante. Saber qué decir y cómo decirlo es clave, incluso cuándo no hacerlo, muchas veces las personas que usted ama lo único que van a querer es su apoyo y cariño y no un discurso de quince minutos de las “ventajas” que puede traer la muerte de su “ser querido”, por ejemplo.
  • Organícese y organice al resto: Es probable que de todos los que tengan que pasar por esta desgracia con usted, su mente esté más clara que la del resto, en cuánto a todo lo que hay que hacer y los pasos a seguir, y si no lo es, busque a esa persona. Creen un bosquejo con las tareas que se deben realizar a corto, mediano y largo plazo, y en la medida de lo posible, y deleguen responsables de cada una de ellas a personas de confianza, de manera equitativa y no impositiva, de tal forma que cada quién se sienta cómodo con sus funciones. Piense que usted o la persona con la mente más despejada del grupo es el presidente y necesita de ministros, ¿a quiénes pondría y haciendo qué?, recuerde evitar los sentimentalismos y que “mucho hace el que no estorba”. Por ejemplo: un ministro de honras fúnebres que se encargue de coordinar todos los detalles con la funeraria que se seleccionó previamente, desde el transporte hasta las galletas y el café; un ministro de burocracia que se encargue de estar pendiente de los horarios de las instituciones que requieren papeleos, sacar copias de actas de defunción, etc.; un ministro de comunicación (muy importante) que se encargue de propagar la noticia con los detalles necesarios, a las personas adecuadas, y sea capaz de mantener la dulzura pese a lidiar con la prensa molesta que pregunta cosas repetitivas y necias como: “¿De qué murió?”, “¿Les dejó algo?”, “¿Por qué lo van a velar tan largo?, ¿no encontraron un lugar mejor?”, “La relación de su “ser querido” con Fulanito no era muy buena, ¿qué hace aquí? Yo pienso qubla bla bla…”; tiene que ser paciente para escuchar todo esto y más, y aún así proveer para todos, en medio del dolor, respuestas amables pero cortantes de tal forma que la prensa no se ofenda, pero que no revele todo lo que está pasando, aparentemente un “¡A vos qué te importa!” o un “¡Jalá de aquí metiche!” no son muy bien vistos socialmente hablando. También, debe haber un ministro de alimentación y bienestar físico, ese encargado de parar en los tiempos de comida y mandar a dormir cuando sea necesario, alguien que no le tiemble el pulso para tomar la decisión de que ninguno pase la noche en la funeraria, sino en la casa respectiva. En cuánto a la economía todos deben asumir parte de los gastos que se generen, pero recuerde que los imprevistos, alimentación y transporte son personales, nadie más tiene que pagar por el desodorante que usted olvidó o por su combo de Big Mac agrandado a las dos de la mañana.
  • No tome decisiones importantes guiado por las emociones: Si ha escuchado el consejo de que no hay que hacer compras cuando se tiene hambre, el homólogo, para nuestro caso, es éste. También considere este otro: No haga promesas que después no pueda mantener. El “usted del futuro” le va a agradecer que, pese a todo lo que el “usted del pasado” estuvo pasando y a los sentimientos que tuvo, no tomó ninguna decisión importante durante ese momento. En serio, con prudencia, postergue todo lo posible la toma de decisiones que afecten el bienestar suyo y de su familia hasta que todo esto haya pasado, su cabeza esté despejada y se aclaren todos sus sentimientos (y ojo, esto puede estar relacionado a cualquier evento de su vida, incluso, a alguno ajeno a la situación que está viviendo). Por ejemplo, supongamos que en la casa de su “ser querido” vivía un familiar suyo; sería un mal momento para prometer que usted va a renunciar a la parte de los enseres de su “ser querido” que le corresponden, para que le pertenezcan a ese familiar. No es el momento. Aunque su intención sea buena y no vaya a cambiar de parecer, no es algo que se puede mantener en algún futuro en caso que alguien más se oponga, o que usted mismo cambie de parecer al considerar las deudas que ahora posee, por ejemplo. Sin embargo, siempre puede ser que haya alguna situación específica que no se puede postergar y necesita ser resulta lo antes posible, en dado caso, consulte la situación con todas las personas que puedan estar involucradas y hágalas parte del asunto; ahorrará muchísimos problemas en caso que la solución fallara, ya que no será completamente su responsabilidad. Recuerde, lo importante es la supervivencia.
  • Vista cómodo: Es un tiempo de caminar mucho y andar de un lado para el otro; un traje entero, corbata y zapatos de vestir no ayudan. Por lo tanto, deje los formalismos para el día del funeral, y el resto lo más casual posible. Otro consejo, podría ser el de llevar una mudada extra y tenerla a mano, en caso de ocuparse; muchas veces el desplazamiento hasta su casa, puede ser imposible.
  • Tenga amigos: En esta sociedad moderna en la que vivimos, los amigos suelen ser escasos; sería bueno que usted pudiera contar con los que pueda en esta etapa. Hay momentos de todo esto que, seamos francos, usted no lo va a poder hacer todo solo, entonces, gente de su confianza que lo apoyen, inteligentemente, son un descanso. Esto puede ir desde una llamada, un abrazo dado a tiempo o un chiste, hasta favores más grandes, como salir a comprar cosas o el transporte de un ataúd por todos los Hatillos por alguna razón que se le escapa de las manos. Su cabeza fría, su raciocinio y sarcasmo pueden mantenerlo cuerdo un buen tiempo, pero no sentirse sólo ayuda más.
Existen muchos otros, pero que dependen de la situación, como por ejemplo: Evite a los familiares tóxicos y necios; No se niegue a ninguna ayuda que le quieran dar; no postergue trámites, etc.

DESPUÉS

Seguir de aquí en adelante depende estrictamente de usted, no hay mucho más que aportar, salvo que:
  • Ponga todo en orden, y mientras antes mejor: Sacar cuentas de todos los gastos, limpiar lo que haya que limpiar, repartir las cosas que se dejaron, es un trabajo tanto suyo como de todos los implicados, por lo que mientras más pronto se haga mejor, ya que permitirá aclarar el futuro y la toma de decisiones a corto y mediano plazo. Y siguiendo un poco esa línea, aunque bien podría ocupar otro ítem, sería que, en la medida que le sea posible (y mientras dependa de usted) mantenga una buena relación con el resto de los familiares que le quedan. Al calor del momento, se pueden decir cosas que hieran a los demás, pero no se lo tome personal; comprenda que todos viven la pérdida de una manera diferente, y que algunos tienden a enojarse y decir cosas que no se quieren decir; por lo que perdonar esto y seguir adelante, definirá si después de esto, siguen unidos o no. Muchas veces, con cabeza fría, muchas cosas no parecen tan graves.
  • Comience a sentir de nuevo: La etapa de ser un autómata ya pasó, sus seres queridos lo van a querer de vuelta. Ya es un buen momento para liberar todas las emociones que había estado postergando. Aunque es difícil, escoja el lugar y momento apropiados, antes de que ellos fluyan por sí solos, al final del entierro, barriendo una casa vieja o mientras se escribe una tonta lista de tips para lidiar con la muerte…


domingo, 2 de octubre de 2016

Carta para Nadie.

Escribo esto en caliente. Estuve pensando seriamente en esperar a tranquilizarme un poco, pensar las cosas mejor, acomodar ideas, pero preferí no esperar… necesitaba hacerlo, y cuánto antes, mejor.

Te escribo porque se juntó todo, siempre pasa, lo sabrás vos, que cuando pensamos que tenemos todo bajo control, la vida se encarga de demostrarnos lo contrario. Se acaba de terminar un mes rarísimo, (recordame contarte todos los detalles luego, no quiero hacer esta carta más larga de lo que realmente debería ser), de esos que definen una vida, y tu ausencia sólo se ha encargado de empeorar las cosas. Tenés razón, te estoy echando la culpa de todo otra vez… aunque no lo sea. Siempre lo hago, pese a que sé lo mucho que odiás que lo haga, te pido las disculpas del caso. Tal vez sea porque no supe canalizar mejor este intento de reproche por tu larga ausencia y silencio. Lo sé, eso tampoco es tu culpa.

Es cierto, te extraño. Quizás todo esta carta ilógica venga motivada por ese hecho, o quizás, también, sea una forma de justificar las burlas de los que me conocen y no nos entienden, tal vez sólo sea porque es domingo en la noche y, como sabés, me invade la melancolía. Quién sabe, quizá sea un poco de todo.

En las últimas semanas se han burlado mucho de mí por el simple hecho de esperarte, (incluso, he llegado a pensar que todo esto podía ser una causa perdida… . ¡Já, que iluso!, Imagináte, vos, una causa perdida. Lo siento, ya sabés lo tonto que soy algunas veces). Me invitan a lugares para que te olvide, siempre les digo que no. También me preguntan mucho por vos; algunas veces no sé qué decirles, otras veces les digo la verdad, que sos preciosa, pero no me creen; me creen loco, los escucho reírse a mis espaldas y luego se siguen burlando. No les hago caso, la mayoría del tiempo. Qué van a entendernos ellos, si ni siquiera saben lo que quieren, o a quién quieren, ni quién los quiere. No los juzgo, antes eramos así, ¿te acordás?

Tengo mucho que contarte. Durante todo este tiempo me he encargado de preparar historias para contarte los domingos por la noche y no te podás dormir. Como la vez que atravesé todo el país en una semana, o la historia de porqué empecé a escribir esta carta, o porqué odio tanto Cartago, o de la vez que casi muero (no te asustés, no fue para tanto, estoy escribiendo esto, ¿no?).

Te dejo, porque tengo que levantarme temprano a trabajar … hay cosas que nunca cambian. Igual, y todo esto era para decirte que te podés tomar todo el tiempo que necesités, ya lo entendí. No tengo planeado ir a ninguna parte, no sin vos.

Sinceramente, JB.
(ooxxooXoXXx)

P. D.: Mientras terminaba de escribir esto, sonaba “Ofrenda” de Pedro Guerra, escuchála. Sí, ya sé que no te hace tanta gracia la música trova, que la considerás aburrida, pero esa canción y ese disco son buenísimos, al rato y también te gusten.

domingo, 22 de mayo de 2016

Decisiones

R. tomó el bus que lo llevaría a su casa, un martes a las 10 a. m. llevando un sobre amarillo debajo del brazo. Esto no ocurría siempre, su horario de oficina no se lo permitía. En cualquier otro martes, se encontraría a esa hora disfrutando de un cigarro con una taza de café, quince minutos al día, todos los días, a esa hora; pero no ese martes.

Todo había empezado hacía un mes atrás, cuando un día no pudo soportar todo el cansancio y dolores que sentía en su cuerpo, y que según él, se debían a la excesiva carga de trabajo que venía manejando; pero no, ese día entendió, por fin, que algo no se encontraba bien con su cuerpo: se había desmayado delante de sus compañeros. Al principio atacó los síntomas con analgésicos, algún té relajante, o simplemente llamando a la oficina avisando que no iría para quedarse durmiendo todo el día. Pero la situación había empeorado, y tuvo que empezar a tomar medidas más drásticas. La lógica hubiera sido visitar a algún especialista, pero no lo vio necesario, su orgullo no se lo permitía, odiaba los hospitales más que a nada en el mundo, y de todos modos, "no es para tanto", pensaba. Por lo que decidió cambiar su estilo de vida. Empezó mejorando su dieta, en parte también porque a sus 38 años sentía que ya no se debería de estar consumiendo la cantidad de azúcar que consumía, y también porque ya no tenía el cuerpo esbelto que solía tener. Siempre había sido alto, de contextura gruesa, nunca gordo; pero desde hacía un tiempo para acá había empezado a notar, en el espejo y en su ropa, como esa "etiqueta" se iba quedando poco a poco en su figura; eso debía cambiar, probablemente esa era la razón de sus malestares. También se inscribió a un gimnasio.

Los primeros veintidós días, trató que funcionará, llenó su despensa de comida orgánica, botó los dulces y dejó de pedir postre. Asistió puntualmente al gimnasio, dos horas, los lunes, miércoles y viernes,  incluso, hasta intentó dejar de fumar unas cuatro veces. No lo logró, ni tampoco sus dolencias desaparecieron.

Su esposa, que había visto su deterioro físico durante todo ese tiempo, ya había empezado a cuestionarse lo que ocurriría con sus vidas y la de su pequeño hijo si lo de R. en verdad fuera algo grave y le aterraba esa idea; es por esto que vio aquel incidente como la oportunidad que estaba esperando para que R. fuera al médico y le realizaran todas las pruebas necesarias para dar con lo que lo estaba afectando. Esto fue motivo de una discusión un poco fuerte que acabó cuando su esposa empezó a llorar y R. aceptando, al fin, la temida visita al hospital. Bajo otras condiciones, y pese a que la amaba, no le habría importado ver las lágrimas de su esposa y tomar la decisión que él quisiera, pero se sentía muy cansado para seguir escuchándola a ella o a su tonto orgullo.

Las  primeras pruebas, no encontraron nada fuera de lo normal, pero esta era la parte que más preocupaba al doctor. Continuó haciendo más pruebas, cosa que molestó muchísimo a R., analizando todos los resultados y descartando posibilidades,hasta que citó a R. para darle su dictamen aquel martes en la mañana. Prefirió ir sólo. El doctor empezó hablando y después de un largo preámbulo, para exasperar a cualquiera, dijo la palabra "Cáncer", y para desgracia de R. y de su familia, un poco más avanzado de lo esperado. El sobre amarillo contenía toda la información que el doctor consideró importante para él: tratamientos, lugares especializados, incluso hasta una lista de psicólogos.

El jueves anterior, después de que le realizarán todos aquellos odiosos exámenes había decidido ic con su familia de vacaciones y las disfrutó como las últimas. Esos días cerca del Pacífico le habían hecho sentir mejor, incluso hasta olvidado todos sus problemas, pensó que quizá aquello de que no tenía memoria era cierto. Pero esta noticia lo volvió a la realidad de un golpe. Cuando tomo su asiento en el bus, lucía bastante perdido, pero era porque en su mente sólo había una pregunta: "¿Ahora qué hago?". El tratamiento era costoso y no todo lo cubriría su seguro, quizá sacrificar un poco el ahorro para el auto nuevo y arreglar el viejo, de todos modos, muerto no lo necesitaría. Esta pregunta lo llevó a durar un poco más de lo usual en llegar a casa y no fue hasta que tuvo claro su accionar con respecto a todo esto que regresó. La primera decisión fue no decirle nada a su esposa. Ella no lo soportaría, las cosas ya habían empezado a mejorar entre ellos como para que una noticia de tal magnitud las echara a perder. Tontamente le dijo que el dictamen había sido que tenía Anemia (buscó en Internet el nombre de una enfermedad que más o menos encajará con sus síntomas), que no se había dictaminado antes por unos errores y que empezaría el tratamiento la próxima semana. Su esposa no supo disimular la alegría que le dio el darse cuenta que no fuera algo peor, acusó a su cambio drástico de dieta y prometió estar muy al pendiente de su tratamiento para ayudarle en todo lo que pudiera. R. disimuló hasta donde pudo su tristeza, de todos modos, ya en eso se había hecho un experto.

Otra cualidad por la que siempre se había distinguido R. era por su gran orgullo. Desde que tenía memoria, había intentado ser el primero en todo. El primero de su clase en notas, el mejor jugador de fútbol de su generación, el primer chico en ligar, y no empezar con cualquiera, sino con la más guapa del colegio, y una vez superado este pequeño amorío, superar al resto en cantidad. Alardeaba de cualquier cosa, y delante de todos. Pero la situación se llegó a salir de control cuando se propuso sobrepasar a todos en la cantidad y la frecuencia de las borracheras. Su padre le habría advertido, con tono severo y casi profético que "ese orgullo suyo lo llevaría a la tumba". Esto fue motivo de mucha discusión en su casa y sólo se terminó un mes más tarde al casi cumplirse dicha "profecía", cuando R., estando en una competencia de autos callejera y un poco alcoholizado, se estrelló contra el muro de una casa, saliendo de milagro apenas con rasguños. Decidió abandonar ese estilo de vida, del cuál veinte años después solo conservaba su gusto por el cigarrillo, y abocarse a ser mejor en otras áreas, como ser el mejor hijo, el mejor en su trabajo, tener la mejor esposa y los mejores hijos, lo que sea con tal de poder presumir. Esta enfermedad había llegado de forma inesperada a truncar sus planes de reconocimiento ajeno.

Por esto, la segunda decisión que tomó fue que no sería el primero de sus conocidos en tener que pasar a través de un cáncer terminal. No se "rebajaría" a los tratamientos, al desgaste físico suyo y de su familia, y menos a ver afectado su estilo de vida por los hospitales. Eso jamás, no lo permitiría.

Esto lo hizo tomar la tercera y última decisión: se suicidaría. La forma la tenía clara, en un accidente automovilístico y tenía que ser el jueves a más tardar, antes que su esposa descubriera la mentira. Pasó ese último martes y miércoles con ella y su hijo. Pidió de vacaciones el resto de la semana, no tenía intención de ir a la oficina y tener que responder las preguntas insistentes y necias de sus compañeros, no estaba de ánimo. El miércoles, se levantó temprano y tomó unas tres horas para escribir dos cartas. La primera de ellas era destinada a su esposa y la dividió en dos partes: en la primera parte escribió sobre instrucciones de cobro de seguros y las cuentas de ahorro que tenía, había estado haciendo cuentas, y lo que tenían les podía alcanzar para tal vez unos cinco años; la segunda parte la tomó para decirle cuánto la amaba, cuanto la echaría de menos y todo lo que se arrepentía del tiempo que no pasarían más juntos. La otra era para su hijo... Ambas las terminó de escribir llorando.    

Esa última noche no pudo dormir, ¿quién podría?. El jueves en la mañana se despidió de su esposa y de su hijo y partió, con la excusa de visitar a sus padres. Apenas y le dijo adiós a su padre, no pudo contener las lágrimas con su madre. Les hizo prometer que le brindarían toda la ayuda a su familia en caso de que algo le pasará, que "uno nunca sabía cuando podía pasar una desgracia"... ambos estuvieron de acuerdo. Esperó a que fuera de noche, fue al bar que más le gustaba en su lejana adolescencia y pidió "una pequeña dosis de valor" con sabor a whisky. Salió de ahí tan pronto como pudo, no le gustó el ambiente. Puso su disco de música favorito, se quitó el cinturón de seguridad y aceleró. Aceleró hasta que el auto no pudo más, y en la primera oportunidad que tuvo, se dirigió directo al barranco cumpliendo, por fin, su plan...

***

Las noticias del día siguiente, hacían énfasis en que, una vez más, el alcohol y la velocidad cobraban una víctima más en las carreteras, otros eran menos severos y hablaban de un desperfecto mecánico, no podía "determinarse con claridad". Periodistas, sin tacto, hacían toda clase de preguntas estúpidas a la ahora viuda del que en vida fue el mejor hijo, el mejor compañero de trabajo, el mejor esposo y el mejor padre; mientras en su casa el teléfono suena constantemente sin ser atendido por nadie. Es por esto que una enfermera, ajena a la situación, deja un mensaje en la contestadora, pidiendo las disculpas del caso y solicitando que R. se presentara inmediatamente en el hospital, ya que debido a un error con su nombre fue diagnosticado erróneamente de cáncer y que sólo se trataba de una simple anemia pero que debía ser atendida lo más pronto posible...




















lunes, 2 de mayo de 2016

El Poeta Halley (Fragmento)

Santi Balmes

Acojo en mi hogar 
Palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera. 
Examino cada jaula y allí, narrando vocales y consonantes,
Encuentro a sucios verbos que lloran después de ser abandonados por un 
Sujeto que un día fue su amo 
Y de tan creído que era prescindió del predicado. 

Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados, 
A tres adverbios muertos de frío 
Y a otros tanto de la raza pronombre
Que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño.
Se llama entonces a las palabras que llevan más días abandonadas 
Y me las llevo a casa,
Las vacuno de la rabia ,
Y las peino a mi manera 
Como si fueran hijas únicas... Porque en verdad todas son únicas. 

Acto seguido y antes de integrarlas en un parvulario de relatos o canciones 
Les doy un beso de tinta
 Y les digo que si quieres ganarte el respeto nunca hay que olvidarse los 
Acentos en el patio. 

A veces les pongo a mis palabras diéresis de colores imitando diademas
Y yo solo observo como juegan en el patio de un poema.

Casi siempre te abandonan demasiado pronto, 
Y las escuchas en bocas ajenas,
Y te alegras,
Y te enojas contigo mismo como con todo lo que amamos con cierto egoísmo.
Y uno se queda en casa, inerte y algo vacío 
Acariciando aquel vocablo mudo llamado silencio 
Siempre fiel, siempre contigo.
Pero todo es ley de vida.
Como un día me dijo el poeta Halley, 
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas 
Y a brillar, que son dos sílabas.

domingo, 13 de marzo de 2016

Despertador

"¡Que fastidio! Otra vez ese maldito sonido...", piensas. Suena el despertador, como todas las mañanas a las 5:30 a. m., es en ese instante cuando empiezas a tomar decisiones. Como siempre, lo activaste para que sonara diez minutos antes de lo previsto, no hay problema, puedes volver a cerrar los ojos, o salir de inmediato de la cama para no llegar tarde al trabajo, recuerdas que has estado trabajando hasta tarde los últimos días, por lo que esos diez minutos te sentarían bien. Revisas rápidamente los mensajes y correos que llegaron mientras dormías, casi nunca son importantes; vuelves a cerrar los ojos y tu cerebro no descansa contigo, sino que te proyecta una situación ridícula donde llegas tarde al trabajo y tu jefe te despide; te preocupas y te crees el cuento.. no llevas ni cinco minutos despierto y ya te embargó el pesimismo que arrastras desde hace tiempo. Para tu dicha el despertador llega al rescate y despiertas otra vez, pero ya sin tiempo de perecear más. Te levantas, tiendes la cama, buscas en tu armario la ropa que usarás durante el día. "Necesito más camisas", piensas, y te cuestionas seriamente la importancia que le estás dando a este tema desde hace un tiempo para acá; que no se pueden usar medias blancas con pantalones oscuros (o nunca usarlas), que no se puede ir vestido de negro toda la semana, que los zapatos que combinan con la ropa que escogiste no están limpios... echas de menos esos tiempos en que esto no te importaba, en que no tenías que demostrarle a un grupo de extraños tu solvencia económica por la forma de como vistes. Si tuvieras más tiempo, probablemente te cuestionarías lo superficial que te has vuelto, pero no hoy, ya no hay tiempo, ahí van otros cinco minutos y ya en serio vas tarde, tomas la decisión de reducir el baño a la mitad del tiempo, no hay de otra.

Sabes que el tiempo que duras en el baño tiene que ser igual al que tarda en estar listo el café con el par de tostadas de todas las mañanas. Es probable que si no estuvieras apurado, en lugar de comer sólo un par de tostadas comerías algo más nutritivo, como te lo recomendó la nutricionista, sacarías el tiempo para alistar, por ejemplo, un tazón de frutas, con granola y yogurt, algo que no sean harinas, porque las harinas no te ayudan con la dieta, que a tu edad ya no se pueden comer ciertas cosas, bla, bla, bla; la podrías recitar de memoria, con ademanes y todo, y eso es bueno, al parecer ese día sí le prestaste atención y no como las otras veces en que estabas más interesado en lo bien que se veía que en la tonta nutrición; en fin, esta deliberación ya te consumió otros 3 minutos que no estaban dentro de lo presupuestado, y rápidamente ingresas al baño.

Abres la ducha, y se te olvidó que ayer se gastó todo el jabón y que no fuiste a comprar más. Improvisas, no queda de otra, ya no hay tiempo, tal vez lo puedas sustituir con champú, o lo que sea, "el asunto es parecer bañado", piensas en voz alta, de todos modos, "¿quién se va a dar cuenta?". Abres la llave y sale agua caliente, en lugar de pensar en cualquier otra cosa, piensas en los procesos que hacen que llegue el agua hasta ahí, por ejemplo, en la cantidad de bombas de agua que deben de haber desde la naciente hasta tu casa o las presiones a las que se ven sometidas, todos los días, las tuberías y los empaques; hablando de eso, cierras la llave y te das cuenta que la llave no cierra del todo bien y tiene una fuga pequeña; otra tarea que se sumará a la interminable lista de cosas que tienes que arreglar para cuando tengas tiempo... pero nunca lo tienes, y no lo tienes tampoco ahora, debes mudarte y peinarte, sin olvidar el desodorante y el perfume; la bonita plática contigo mismo sobre las bombas de agua y las tuberías te costaron nueve minutos más de lo que tenías pensado, y todavía tienes que comer...

Se acabó jalea, pero hay natilla... "Ni modo, es lo que hay...", piensas que de hoy no puede pasar y que tienes que sacar el tiempo para ir con S. de compras. Se lo dirías ya, pero ella sigue durmiendo, sabes lo mucho que odia que la despierten, de hecho, el tema de que ya no puedan viajar juntos al trabajo porque ahora te toca viajar más largo es algo que sabes que le molesta, pero otra vez, aquí se aplica el "ni modo, es lo que hay", trabajo es trabajo y te costó mucho conseguirlo como para que eso sea un obstáculo ahora. Probablemente no se lo digas porque piensas que lo sabe, pero extrañas mucho desayunar con ella todos los días, y verla más seguido. Antes, por ejemplo, cuando trabajaban en edificios contiguos, sólo no se veían mientras estaban en el trabajo, ahora es diferente, y las dos horas y media que gastas viajando al día cambiaron esa rutina por otra que ya no te gusta tanto. Pero, "es temporal" piensas, "pronto podremos pagar por un apartamento que nos quede más cerca a ambos o un auto, lo que pase primero"... revuelves el café negro, como su pelo, y aunque estás a quince minutos de perder el bus, y duras ocho caminando hasta la parada, te das este gusto, necesitas estos dos minutos para sentarte, tomarte el café y pensar en ella... pero no más, te levantas, lavas rápidamente el plato y la taza, corres directamente a lavarte los dientes y por tu rápido beso de despedida, que para tu suerte casi coincides con el despertador de ella... le dices que lo sientes, por despertarla y por el jabón que no compraste, como es natural se enoja, y con razón, es una pena que no lleve ni un minuto despierta y ya la hayas hecho enojar, "¡Prometo compensarte!" le dices, mientras te despides y te vas pensando en cómo lo harás...

Llegas corriendo a la parada y tomas el bus, por suerte hoy llegarás a tiempo, hoy no se cumplirá la "visión" que tuviste hace un rato, le mandas el típico mensaje de "Buenos días" esperando que esto la calme un poco, "ya se le pasará", piensas, e intentas dormirte mientras llegas al trabajo y lo logras con éxito, y esta vez no recuerdas nada de lo soñado, y eso es bueno...

En el trabajo la misma gente aburrida de siempre, el jefe que no deja de presionar, la aburrida rutina de su rutina diaria, por dicha se acerca el fin de semana y te olvidarás de ellos por casi sesenta horas, esperando que salgas el viernes temprano. Pones todo en orden para poder ir por el café, lo necesitas otra vez, además, hoy la esposa de Alejandro mandó pastel para todos y por nada del mundo te lo perderías. Revisas el celular y S. no ha respondido aún, pensarías que un jabón olvidado no puede ser  un error lo suficientemente grande como para que no te responda ni uno solo de los mensajes que le mandaste, piensas que debes esforzarte un poco más pero lo harás después del café, tal vez llamarla ayude, habría que probar.

En la cafetería tienen puestas las noticias, y reportan de última hora un grave accidente, dónde hacía una hora, un camión que transportaba frutas se quedó sin frenos y chocó contra una parada de autobús, matando inmediatamente a todas las personas que estaban esperando. Al principio no prestas atención pero la noticia no te da muy buena espina, y se confirma una vez que abren la toma y descubres que es la parada que queda por tu casa. Intentas llamar a S., quieres contarle lo sucedido para que evite las presas, aún sabiendo que ella tuvo que haber salido de casa hace una hora. No contesta. Llamas a casa, no contesta, en su trabajo dicen que no ha llegado, la vuelves a llamar, sale su contestadora otra vez. Temes lo peor, piensas en todos los escenarios posibles aunque no quieras, escuchas los datos de los reporteros con atención. Los malos presagios se confirman cuando el estúpido periodista ese, lee con indiferencia y de tercero el nombre de S. en la lista de los quince fallecidos... Casi que pudiste escuchar como se te rompió el corazón en mil pedazos. Habías prometido que volverías a llorar sólo para eventos que así lo requirieran y tus lágrimas no faltaron a la cita esta vez. Te sientes mareado, te planteas la idea de vivir sin ella y ahora todo te da vueltas, repites su nombre como maniático, no te sientes bien, cierras los ojos y tus compañeros llegan a socorrerte, hasta que finalmente, te desmayas...

***

Abres los ojos porque suena una alarma, ese bendito sonido. Te incorporas, miras hacia la izquierda para ver el reloj, y para tu sorpresa son las 5:40 a. m., estás empapado en sudor, volteas a tu derecha y ahí, a tu lado, sigue S., preocupada por la forma como gritabas su nombre...  

sábado, 20 de febrero de 2016

Canción para nadie

Mikel Izal

Aún no te conozco 
Aún no se tu nombre 
y ya echo de menos, tus domingos por la tarde. 
Aún no me he atrevido, a jugar mis cartas 
y ya tengo miedo de no conseguir jugarlas. 

No detuvo el tiempo 
un beso furtivo 
pero en mi cabeza 
ya esta todo decidido 

Me faltan detalles que he de concretar 
el color de ojos por ejemplo me da igual 
risas que no falten me voy a callar 
todas esas cosas que puedan sonarnos mal 

No sentí tus labios 
no he sentido el peso de tu cuerpo 
y ya estoy muriéndome de celos 
por el hombre que ahora besa tu pecho 
he de reconocer que no tengo derecho 
no tengo derecho... 

Aún no hemos reído como dos idiotas 
te tengo guardadas mis mejores bromas 
Aún no he conocido tus raras manías 
y ya tengo ganas de que aguantes tu las mías 
Aún no hemos sufrido la cruel rutina 
y ya estoy pensando como llenaré los días 

Me faltan detalles que he de concretar 
el color de ojos por ejemplo me da igual 
risas que no falten me voy a callar 
todas esas cosas que puedan sonarnos mal 

No sentí tus labios 
he sentido el peso de tu cuerpo 
y ya estoy muriéndome de celos 
por el hombre que ahora besa tu pecho 
he de reconocer que no tengo derecho...

Aún no te conozco y ya te he perdido 
me valdrá cualquiera 
siempre me pasa lo mismo.

***

Estimado no-lector, sé que tengo mucho tiempo de no escribirte, y pido las disculpas del caso, y no ha sido por falta de tiempo, aunque, es cierto, ya no tengo tanto tiempo como antes, sino más bien porque siento que me he quedado sin palabras... y no en el sentido "cursi" de la expresión. He comenzado cinco cuentos y no he terminado ninguno, y escritos como estos van por el mismo camino. Y no sé cuál pueda ser la razón. Creo que se deba a la rara época que estoy viviendo, por lo ocupado que he estado o porque simplemente mi "musa" se fue de vacaciones y ni trazas de que vuelva pronto... en fin, mientras la espero, he decidido dejarte por aquí está canción que me encontré por casualidad y no he podido sacarme de la cabeza.