Escribo esto en caliente. Estuve pensando seriamente en esperar a tranquilizarme un poco, pensar las cosas mejor, acomodar ideas, pero preferí no esperar… necesitaba hacerlo, y cuánto antes, mejor.
Te escribo porque se juntó todo, siempre pasa, lo sabrás vos, que cuando pensamos que tenemos todo bajo control, la vida se encarga de demostrarnos lo contrario. Se acaba de terminar un mes rarísimo, (recordame contarte todos los detalles luego, no quiero hacer esta carta más larga de lo que realmente debería ser), de esos que definen una vida, y tu ausencia sólo se ha encargado de empeorar las cosas. Tenés razón, te estoy echando la culpa de todo otra vez… aunque no lo sea. Siempre lo hago, pese a que sé lo mucho que odiás que lo haga, te pido las disculpas del caso. Tal vez sea porque no supe canalizar mejor este intento de reproche por tu larga ausencia y silencio. Lo sé, eso tampoco es tu culpa.
Es cierto, te extraño. Quizás todo esta carta ilógica venga motivada por ese hecho, o quizás, también, sea una forma de justificar las burlas de los que me conocen y no nos entienden, tal vez sólo sea porque es domingo en la noche y, como sabés, me invade la melancolía. Quién sabe, quizá sea un poco de todo.
En las últimas semanas se han burlado mucho de mí por el simple hecho de esperarte, (incluso, he llegado a pensar que todo esto podía ser una causa perdida… . ¡Já, que iluso!, Imagináte, vos, una causa perdida. Lo siento, ya sabés lo tonto que soy algunas veces). Me invitan a lugares para que te olvide, siempre les digo que no. También me preguntan mucho por vos; algunas veces no sé qué decirles, otras veces les digo la verdad, que sos preciosa, pero no me creen; me creen loco, los escucho reírse a mis espaldas y luego se siguen burlando. No les hago caso, la mayoría del tiempo. Qué van a entendernos ellos, si ni siquiera saben lo que quieren, o a quién quieren, ni quién los quiere. No los juzgo, antes eramos así, ¿te acordás?
Tengo mucho que contarte. Durante todo este tiempo me he encargado de preparar historias para contarte los domingos por la noche y no te podás dormir. Como la vez que atravesé todo el país en una semana, o la historia de porqué empecé a escribir esta carta, o porqué odio tanto Cartago, o de la vez que casi muero (no te asustés, no fue para tanto, estoy escribiendo esto, ¿no?).
Te dejo, porque tengo que levantarme temprano a trabajar … hay cosas que nunca cambian. Igual, y todo esto era para decirte que te podés tomar todo el tiempo que necesités, ya lo entendí. No tengo planeado ir a ninguna parte, no sin vos.
Sinceramente, JB.
(ooxxooXoXXx)
P. D.: Mientras terminaba de escribir esto, sonaba “Ofrenda” de Pedro Guerra, escuchála. Sí, ya sé que no te hace tanta gracia la música trova, que la considerás aburrida, pero esa canción y ese disco son buenísimos, al rato y también te gusten.
"…en suma, todo lo que de bueno hay en el mundo era escrito en el cuaderno, e incluso dibujado, porque muchos no sabían escribir, o hasta pintado con colores. También Cosimo escribió: un nombre, Viola. El nombre que hacía años escribía en todas partes."
domingo, 2 de octubre de 2016
domingo, 22 de mayo de 2016
Decisiones
R. tomó el bus que lo llevaría a su casa, un martes a las 10 a. m. llevando un sobre amarillo debajo del brazo. Esto no ocurría siempre, su horario de oficina no se lo permitía. En cualquier otro martes, se encontraría a esa hora disfrutando de un cigarro con una taza de café, quince minutos al día, todos los días, a esa hora; pero no ese martes.
Todo había empezado hacía un mes atrás, cuando un día no pudo soportar todo el cansancio y dolores que sentía en su cuerpo, y que según él, se debían a la excesiva carga de trabajo que venía manejando; pero no, ese día entendió, por fin, que algo no se encontraba bien con su cuerpo: se había desmayado delante de sus compañeros. Al principio atacó los síntomas con analgésicos, algún té relajante, o simplemente llamando a la oficina avisando que no iría para quedarse durmiendo todo el día. Pero la situación había empeorado, y tuvo que empezar a tomar medidas más drásticas. La lógica hubiera sido visitar a algún especialista, pero no lo vio necesario, su orgullo no se lo permitía, odiaba los hospitales más que a nada en el mundo, y de todos modos, "no es para tanto", pensaba. Por lo que decidió cambiar su estilo de vida. Empezó mejorando su dieta, en parte también porque a sus 38 años sentía que ya no se debería de estar consumiendo la cantidad de azúcar que consumía, y también porque ya no tenía el cuerpo esbelto que solía tener. Siempre había sido alto, de contextura gruesa, nunca gordo; pero desde hacía un tiempo para acá había empezado a notar, en el espejo y en su ropa, como esa "etiqueta" se iba quedando poco a poco en su figura; eso debía cambiar, probablemente esa era la razón de sus malestares. También se inscribió a un gimnasio.
Los primeros veintidós días, trató que funcionará, llenó su despensa de comida orgánica, botó los dulces y dejó de pedir postre. Asistió puntualmente al gimnasio, dos horas, los lunes, miércoles y viernes, incluso, hasta intentó dejar de fumar unas cuatro veces. No lo logró, ni tampoco sus dolencias desaparecieron.
Su esposa, que había visto su deterioro físico durante todo ese tiempo, ya había empezado a cuestionarse lo que ocurriría con sus vidas y la de su pequeño hijo si lo de R. en verdad fuera algo grave y le aterraba esa idea; es por esto que vio aquel incidente como la oportunidad que estaba esperando para que R. fuera al médico y le realizaran todas las pruebas necesarias para dar con lo que lo estaba afectando. Esto fue motivo de una discusión un poco fuerte que acabó cuando su esposa empezó a llorar y R. aceptando, al fin, la temida visita al hospital. Bajo otras condiciones, y pese a que la amaba, no le habría importado ver las lágrimas de su esposa y tomar la decisión que él quisiera, pero se sentía muy cansado para seguir escuchándola a ella o a su tonto orgullo.
Las primeras pruebas, no encontraron nada fuera de lo normal, pero esta era la parte que más preocupaba al doctor. Continuó haciendo más pruebas, cosa que molestó muchísimo a R., analizando todos los resultados y descartando posibilidades,hasta que citó a R. para darle su dictamen aquel martes en la mañana. Prefirió ir sólo. El doctor empezó hablando y después de un largo preámbulo, para exasperar a cualquiera, dijo la palabra "Cáncer", y para desgracia de R. y de su familia, un poco más avanzado de lo esperado. El sobre amarillo contenía toda la información que el doctor consideró importante para él: tratamientos, lugares especializados, incluso hasta una lista de psicólogos.
El jueves anterior, después de que le realizarán todos aquellos odiosos exámenes había decidido ic con su familia de vacaciones y las disfrutó como las últimas. Esos días cerca del Pacífico le habían hecho sentir mejor, incluso hasta olvidado todos sus problemas, pensó que quizá aquello de que no tenía memoria era cierto. Pero esta noticia lo volvió a la realidad de un golpe. Cuando tomo su asiento en el bus, lucía bastante perdido, pero era porque en su mente sólo había una pregunta: "¿Ahora qué hago?". El tratamiento era costoso y no todo lo cubriría su seguro, quizá sacrificar un poco el ahorro para el auto nuevo y arreglar el viejo, de todos modos, muerto no lo necesitaría. Esta pregunta lo llevó a durar un poco más de lo usual en llegar a casa y no fue hasta que tuvo claro su accionar con respecto a todo esto que regresó. La primera decisión fue no decirle nada a su esposa. Ella no lo soportaría, las cosas ya habían empezado a mejorar entre ellos como para que una noticia de tal magnitud las echara a perder. Tontamente le dijo que el dictamen había sido que tenía Anemia (buscó en Internet el nombre de una enfermedad que más o menos encajará con sus síntomas), que no se había dictaminado antes por unos errores y que empezaría el tratamiento la próxima semana. Su esposa no supo disimular la alegría que le dio el darse cuenta que no fuera algo peor, acusó a su cambio drástico de dieta y prometió estar muy al pendiente de su tratamiento para ayudarle en todo lo que pudiera. R. disimuló hasta donde pudo su tristeza, de todos modos, ya en eso se había hecho un experto.
Otra cualidad por la que siempre se había distinguido R. era por su gran orgullo. Desde que tenía memoria, había intentado ser el primero en todo. El primero de su clase en notas, el mejor jugador de fútbol de su generación, el primer chico en ligar, y no empezar con cualquiera, sino con la más guapa del colegio, y una vez superado este pequeño amorío, superar al resto en cantidad. Alardeaba de cualquier cosa, y delante de todos. Pero la situación se llegó a salir de control cuando se propuso sobrepasar a todos en la cantidad y la frecuencia de las borracheras. Su padre le habría advertido, con tono severo y casi profético que "ese orgullo suyo lo llevaría a la tumba". Esto fue motivo de mucha discusión en su casa y sólo se terminó un mes más tarde al casi cumplirse dicha "profecía", cuando R., estando en una competencia de autos callejera y un poco alcoholizado, se estrelló contra el muro de una casa, saliendo de milagro apenas con rasguños. Decidió abandonar ese estilo de vida, del cuál veinte años después solo conservaba su gusto por el cigarrillo, y abocarse a ser mejor en otras áreas, como ser el mejor hijo, el mejor en su trabajo, tener la mejor esposa y los mejores hijos, lo que sea con tal de poder presumir. Esta enfermedad había llegado de forma inesperada a truncar sus planes de reconocimiento ajeno.
Por esto, la segunda decisión que tomó fue que no sería el primero de sus conocidos en tener que pasar a través de un cáncer terminal. No se "rebajaría" a los tratamientos, al desgaste físico suyo y de su familia, y menos a ver afectado su estilo de vida por los hospitales. Eso jamás, no lo permitiría.
Esto lo hizo tomar la tercera y última decisión: se suicidaría. La forma la tenía clara, en un accidente automovilístico y tenía que ser el jueves a más tardar, antes que su esposa descubriera la mentira. Pasó ese último martes y miércoles con ella y su hijo. Pidió de vacaciones el resto de la semana, no tenía intención de ir a la oficina y tener que responder las preguntas insistentes y necias de sus compañeros, no estaba de ánimo. El miércoles, se levantó temprano y tomó unas tres horas para escribir dos cartas. La primera de ellas era destinada a su esposa y la dividió en dos partes: en la primera parte escribió sobre instrucciones de cobro de seguros y las cuentas de ahorro que tenía, había estado haciendo cuentas, y lo que tenían les podía alcanzar para tal vez unos cinco años; la segunda parte la tomó para decirle cuánto la amaba, cuanto la echaría de menos y todo lo que se arrepentía del tiempo que no pasarían más juntos. La otra era para su hijo... Ambas las terminó de escribir llorando.
Esa última noche no pudo dormir, ¿quién podría?. El jueves en la mañana se despidió de su esposa y de su hijo y partió, con la excusa de visitar a sus padres. Apenas y le dijo adiós a su padre, no pudo contener las lágrimas con su madre. Les hizo prometer que le brindarían toda la ayuda a su familia en caso de que algo le pasará, que "uno nunca sabía cuando podía pasar una desgracia"... ambos estuvieron de acuerdo. Esperó a que fuera de noche, fue al bar que más le gustaba en su lejana adolescencia y pidió "una pequeña dosis de valor" con sabor a whisky. Salió de ahí tan pronto como pudo, no le gustó el ambiente. Puso su disco de música favorito, se quitó el cinturón de seguridad y aceleró. Aceleró hasta que el auto no pudo más, y en la primera oportunidad que tuvo, se dirigió directo al barranco cumpliendo, por fin, su plan...
Las noticias del día siguiente, hacían énfasis en que, una vez más, el alcohol y la velocidad cobraban una víctima más en las carreteras, otros eran menos severos y hablaban de un desperfecto mecánico, no podía "determinarse con claridad". Periodistas, sin tacto, hacían toda clase de preguntas estúpidas a la ahora viuda del que en vida fue el mejor hijo, el mejor compañero de trabajo, el mejor esposo y el mejor padre; mientras en su casa el teléfono suena constantemente sin ser atendido por nadie. Es por esto que una enfermera, ajena a la situación, deja un mensaje en la contestadora, pidiendo las disculpas del caso y solicitando que R. se presentara inmediatamente en el hospital, ya que debido a un error con su nombre fue diagnosticado erróneamente de cáncer y que sólo se trataba de una simple anemia pero que debía ser atendida lo más pronto posible...
Todo había empezado hacía un mes atrás, cuando un día no pudo soportar todo el cansancio y dolores que sentía en su cuerpo, y que según él, se debían a la excesiva carga de trabajo que venía manejando; pero no, ese día entendió, por fin, que algo no se encontraba bien con su cuerpo: se había desmayado delante de sus compañeros. Al principio atacó los síntomas con analgésicos, algún té relajante, o simplemente llamando a la oficina avisando que no iría para quedarse durmiendo todo el día. Pero la situación había empeorado, y tuvo que empezar a tomar medidas más drásticas. La lógica hubiera sido visitar a algún especialista, pero no lo vio necesario, su orgullo no se lo permitía, odiaba los hospitales más que a nada en el mundo, y de todos modos, "no es para tanto", pensaba. Por lo que decidió cambiar su estilo de vida. Empezó mejorando su dieta, en parte también porque a sus 38 años sentía que ya no se debería de estar consumiendo la cantidad de azúcar que consumía, y también porque ya no tenía el cuerpo esbelto que solía tener. Siempre había sido alto, de contextura gruesa, nunca gordo; pero desde hacía un tiempo para acá había empezado a notar, en el espejo y en su ropa, como esa "etiqueta" se iba quedando poco a poco en su figura; eso debía cambiar, probablemente esa era la razón de sus malestares. También se inscribió a un gimnasio.
Los primeros veintidós días, trató que funcionará, llenó su despensa de comida orgánica, botó los dulces y dejó de pedir postre. Asistió puntualmente al gimnasio, dos horas, los lunes, miércoles y viernes, incluso, hasta intentó dejar de fumar unas cuatro veces. No lo logró, ni tampoco sus dolencias desaparecieron.
Su esposa, que había visto su deterioro físico durante todo ese tiempo, ya había empezado a cuestionarse lo que ocurriría con sus vidas y la de su pequeño hijo si lo de R. en verdad fuera algo grave y le aterraba esa idea; es por esto que vio aquel incidente como la oportunidad que estaba esperando para que R. fuera al médico y le realizaran todas las pruebas necesarias para dar con lo que lo estaba afectando. Esto fue motivo de una discusión un poco fuerte que acabó cuando su esposa empezó a llorar y R. aceptando, al fin, la temida visita al hospital. Bajo otras condiciones, y pese a que la amaba, no le habría importado ver las lágrimas de su esposa y tomar la decisión que él quisiera, pero se sentía muy cansado para seguir escuchándola a ella o a su tonto orgullo.
Las primeras pruebas, no encontraron nada fuera de lo normal, pero esta era la parte que más preocupaba al doctor. Continuó haciendo más pruebas, cosa que molestó muchísimo a R., analizando todos los resultados y descartando posibilidades,hasta que citó a R. para darle su dictamen aquel martes en la mañana. Prefirió ir sólo. El doctor empezó hablando y después de un largo preámbulo, para exasperar a cualquiera, dijo la palabra "Cáncer", y para desgracia de R. y de su familia, un poco más avanzado de lo esperado. El sobre amarillo contenía toda la información que el doctor consideró importante para él: tratamientos, lugares especializados, incluso hasta una lista de psicólogos.
El jueves anterior, después de que le realizarán todos aquellos odiosos exámenes había decidido ic con su familia de vacaciones y las disfrutó como las últimas. Esos días cerca del Pacífico le habían hecho sentir mejor, incluso hasta olvidado todos sus problemas, pensó que quizá aquello de que no tenía memoria era cierto. Pero esta noticia lo volvió a la realidad de un golpe. Cuando tomo su asiento en el bus, lucía bastante perdido, pero era porque en su mente sólo había una pregunta: "¿Ahora qué hago?". El tratamiento era costoso y no todo lo cubriría su seguro, quizá sacrificar un poco el ahorro para el auto nuevo y arreglar el viejo, de todos modos, muerto no lo necesitaría. Esta pregunta lo llevó a durar un poco más de lo usual en llegar a casa y no fue hasta que tuvo claro su accionar con respecto a todo esto que regresó. La primera decisión fue no decirle nada a su esposa. Ella no lo soportaría, las cosas ya habían empezado a mejorar entre ellos como para que una noticia de tal magnitud las echara a perder. Tontamente le dijo que el dictamen había sido que tenía Anemia (buscó en Internet el nombre de una enfermedad que más o menos encajará con sus síntomas), que no se había dictaminado antes por unos errores y que empezaría el tratamiento la próxima semana. Su esposa no supo disimular la alegría que le dio el darse cuenta que no fuera algo peor, acusó a su cambio drástico de dieta y prometió estar muy al pendiente de su tratamiento para ayudarle en todo lo que pudiera. R. disimuló hasta donde pudo su tristeza, de todos modos, ya en eso se había hecho un experto.
Otra cualidad por la que siempre se había distinguido R. era por su gran orgullo. Desde que tenía memoria, había intentado ser el primero en todo. El primero de su clase en notas, el mejor jugador de fútbol de su generación, el primer chico en ligar, y no empezar con cualquiera, sino con la más guapa del colegio, y una vez superado este pequeño amorío, superar al resto en cantidad. Alardeaba de cualquier cosa, y delante de todos. Pero la situación se llegó a salir de control cuando se propuso sobrepasar a todos en la cantidad y la frecuencia de las borracheras. Su padre le habría advertido, con tono severo y casi profético que "ese orgullo suyo lo llevaría a la tumba". Esto fue motivo de mucha discusión en su casa y sólo se terminó un mes más tarde al casi cumplirse dicha "profecía", cuando R., estando en una competencia de autos callejera y un poco alcoholizado, se estrelló contra el muro de una casa, saliendo de milagro apenas con rasguños. Decidió abandonar ese estilo de vida, del cuál veinte años después solo conservaba su gusto por el cigarrillo, y abocarse a ser mejor en otras áreas, como ser el mejor hijo, el mejor en su trabajo, tener la mejor esposa y los mejores hijos, lo que sea con tal de poder presumir. Esta enfermedad había llegado de forma inesperada a truncar sus planes de reconocimiento ajeno.
Por esto, la segunda decisión que tomó fue que no sería el primero de sus conocidos en tener que pasar a través de un cáncer terminal. No se "rebajaría" a los tratamientos, al desgaste físico suyo y de su familia, y menos a ver afectado su estilo de vida por los hospitales. Eso jamás, no lo permitiría.
Esto lo hizo tomar la tercera y última decisión: se suicidaría. La forma la tenía clara, en un accidente automovilístico y tenía que ser el jueves a más tardar, antes que su esposa descubriera la mentira. Pasó ese último martes y miércoles con ella y su hijo. Pidió de vacaciones el resto de la semana, no tenía intención de ir a la oficina y tener que responder las preguntas insistentes y necias de sus compañeros, no estaba de ánimo. El miércoles, se levantó temprano y tomó unas tres horas para escribir dos cartas. La primera de ellas era destinada a su esposa y la dividió en dos partes: en la primera parte escribió sobre instrucciones de cobro de seguros y las cuentas de ahorro que tenía, había estado haciendo cuentas, y lo que tenían les podía alcanzar para tal vez unos cinco años; la segunda parte la tomó para decirle cuánto la amaba, cuanto la echaría de menos y todo lo que se arrepentía del tiempo que no pasarían más juntos. La otra era para su hijo... Ambas las terminó de escribir llorando.
Esa última noche no pudo dormir, ¿quién podría?. El jueves en la mañana se despidió de su esposa y de su hijo y partió, con la excusa de visitar a sus padres. Apenas y le dijo adiós a su padre, no pudo contener las lágrimas con su madre. Les hizo prometer que le brindarían toda la ayuda a su familia en caso de que algo le pasará, que "uno nunca sabía cuando podía pasar una desgracia"... ambos estuvieron de acuerdo. Esperó a que fuera de noche, fue al bar que más le gustaba en su lejana adolescencia y pidió "una pequeña dosis de valor" con sabor a whisky. Salió de ahí tan pronto como pudo, no le gustó el ambiente. Puso su disco de música favorito, se quitó el cinturón de seguridad y aceleró. Aceleró hasta que el auto no pudo más, y en la primera oportunidad que tuvo, se dirigió directo al barranco cumpliendo, por fin, su plan...
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Las noticias del día siguiente, hacían énfasis en que, una vez más, el alcohol y la velocidad cobraban una víctima más en las carreteras, otros eran menos severos y hablaban de un desperfecto mecánico, no podía "determinarse con claridad". Periodistas, sin tacto, hacían toda clase de preguntas estúpidas a la ahora viuda del que en vida fue el mejor hijo, el mejor compañero de trabajo, el mejor esposo y el mejor padre; mientras en su casa el teléfono suena constantemente sin ser atendido por nadie. Es por esto que una enfermera, ajena a la situación, deja un mensaje en la contestadora, pidiendo las disculpas del caso y solicitando que R. se presentara inmediatamente en el hospital, ya que debido a un error con su nombre fue diagnosticado erróneamente de cáncer y que sólo se trataba de una simple anemia pero que debía ser atendida lo más pronto posible...
lunes, 2 de mayo de 2016
El Poeta Halley (Fragmento)
Santi Balmes
Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados,
A veces les pongo a mis palabras diéresis de colores imitando diademas
Casi siempre te abandonan demasiado pronto,
Acojo en mi hogar
Palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera.
Examino cada jaula y allí, narrando vocales y consonantes,
Encuentro a sucios verbos que lloran después de ser abandonados por un
Sujeto que un día fue su amo
Y de tan creído que era prescindió del predicado.
Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados,
A tres adverbios muertos de frío
Y a otros tanto de la raza pronombre
Que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño.
Se llama entonces a las palabras que llevan más días abandonadas
Y me las llevo a casa,
Las vacuno de la rabia ,
Y las peino a mi manera
Como si fueran hijas únicas... Porque en verdad todas son únicas.
Acto seguido y antes de integrarlas en un parvulario de relatos o canciones
Les doy un beso de tinta
Y les digo que si quieres ganarte el respeto nunca hay que olvidarse los
Acentos en el patio.
A veces les pongo a mis palabras diéresis de colores imitando diademas
Y yo solo observo como juegan en el patio de un poema.
Casi siempre te abandonan demasiado pronto,
Y las escuchas en bocas ajenas,
Y te alegras,
Y te enojas contigo mismo como con todo lo que amamos con cierto egoísmo.
Y uno se queda en casa, inerte y algo vacío
Acariciando aquel vocablo mudo llamado silencio
Siempre fiel, siempre contigo.
Pero todo es ley de vida.
Como un día me dijo el poeta Halley,
Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas.
domingo, 13 de marzo de 2016
Despertador
"¡Que fastidio! Otra vez ese maldito sonido...", piensas. Suena el despertador, como todas las mañanas a las 5:30 a. m., es en ese instante cuando empiezas a tomar decisiones. Como siempre, lo activaste para que sonara diez minutos antes de lo previsto, no hay problema, puedes volver a cerrar los ojos, o salir de inmediato de la cama para no llegar tarde al trabajo, recuerdas que has estado trabajando hasta tarde los últimos días, por lo que esos diez minutos te sentarían bien. Revisas rápidamente los mensajes y correos que llegaron mientras dormías, casi nunca son importantes; vuelves a cerrar los ojos y tu cerebro no descansa contigo, sino que te proyecta una situación ridícula donde llegas tarde al trabajo y tu jefe te despide; te preocupas y te crees el cuento.. no llevas ni cinco minutos despierto y ya te embargó el pesimismo que arrastras desde hace tiempo. Para tu dicha el despertador llega al rescate y despiertas otra vez, pero ya sin tiempo de perecear más. Te levantas, tiendes la cama, buscas en tu armario la ropa que usarás durante el día. "Necesito más camisas", piensas, y te cuestionas seriamente la importancia que le estás dando a este tema desde hace un tiempo para acá; que no se pueden usar medias blancas con pantalones oscuros (o nunca usarlas), que no se puede ir vestido de negro toda la semana, que los zapatos que combinan con la ropa que escogiste no están limpios... echas de menos esos tiempos en que esto no te importaba, en que no tenías que demostrarle a un grupo de extraños tu solvencia económica por la forma de como vistes. Si tuvieras más tiempo, probablemente te cuestionarías lo superficial que te has vuelto, pero no hoy, ya no hay tiempo, ahí van otros cinco minutos y ya en serio vas tarde, tomas la decisión de reducir el baño a la mitad del tiempo, no hay de otra.
Sabes que el tiempo que duras en el baño tiene que ser igual al que tarda en estar listo el café con el par de tostadas de todas las mañanas. Es probable que si no estuvieras apurado, en lugar de comer sólo un par de tostadas comerías algo más nutritivo, como te lo recomendó la nutricionista, sacarías el tiempo para alistar, por ejemplo, un tazón de frutas, con granola y yogurt, algo que no sean harinas, porque las harinas no te ayudan con la dieta, que a tu edad ya no se pueden comer ciertas cosas, bla, bla, bla; la podrías recitar de memoria, con ademanes y todo, y eso es bueno, al parecer ese día sí le prestaste atención y no como las otras veces en que estabas más interesado en lo bien que se veía que en la tonta nutrición; en fin, esta deliberación ya te consumió otros 3 minutos que no estaban dentro de lo presupuestado, y rápidamente ingresas al baño.
Abres la ducha, y se te olvidó que ayer se gastó todo el jabón y que no fuiste a comprar más. Improvisas, no queda de otra, ya no hay tiempo, tal vez lo puedas sustituir con champú, o lo que sea, "el asunto es parecer bañado", piensas en voz alta, de todos modos, "¿quién se va a dar cuenta?". Abres la llave y sale agua caliente, en lugar de pensar en cualquier otra cosa, piensas en los procesos que hacen que llegue el agua hasta ahí, por ejemplo, en la cantidad de bombas de agua que deben de haber desde la naciente hasta tu casa o las presiones a las que se ven sometidas, todos los días, las tuberías y los empaques; hablando de eso, cierras la llave y te das cuenta que la llave no cierra del todo bien y tiene una fuga pequeña; otra tarea que se sumará a la interminable lista de cosas que tienes que arreglar para cuando tengas tiempo... pero nunca lo tienes, y no lo tienes tampoco ahora, debes mudarte y peinarte, sin olvidar el desodorante y el perfume; la bonita plática contigo mismo sobre las bombas de agua y las tuberías te costaron nueve minutos más de lo que tenías pensado, y todavía tienes que comer...
Se acabó jalea, pero hay natilla... "Ni modo, es lo que hay...", piensas que de hoy no puede pasar y que tienes que sacar el tiempo para ir con S. de compras. Se lo dirías ya, pero ella sigue durmiendo, sabes lo mucho que odia que la despierten, de hecho, el tema de que ya no puedan viajar juntos al trabajo porque ahora te toca viajar más largo es algo que sabes que le molesta, pero otra vez, aquí se aplica el "ni modo, es lo que hay", trabajo es trabajo y te costó mucho conseguirlo como para que eso sea un obstáculo ahora. Probablemente no se lo digas porque piensas que lo sabe, pero extrañas mucho desayunar con ella todos los días, y verla más seguido. Antes, por ejemplo, cuando trabajaban en edificios contiguos, sólo no se veían mientras estaban en el trabajo, ahora es diferente, y las dos horas y media que gastas viajando al día cambiaron esa rutina por otra que ya no te gusta tanto. Pero, "es temporal" piensas, "pronto podremos pagar por un apartamento que nos quede más cerca a ambos o un auto, lo que pase primero"... revuelves el café negro, como su pelo, y aunque estás a quince minutos de perder el bus, y duras ocho caminando hasta la parada, te das este gusto, necesitas estos dos minutos para sentarte, tomarte el café y pensar en ella... pero no más, te levantas, lavas rápidamente el plato y la taza, corres directamente a lavarte los dientes y por tu rápido beso de despedida, que para tu suerte casi coincides con el despertador de ella... le dices que lo sientes, por despertarla y por el jabón que no compraste, como es natural se enoja, y con razón, es una pena que no lleve ni un minuto despierta y ya la hayas hecho enojar, "¡Prometo compensarte!" le dices, mientras te despides y te vas pensando en cómo lo harás...
Llegas corriendo a la parada y tomas el bus, por suerte hoy llegarás a tiempo, hoy no se cumplirá la "visión" que tuviste hace un rato, le mandas el típico mensaje de "Buenos días" esperando que esto la calme un poco, "ya se le pasará", piensas, e intentas dormirte mientras llegas al trabajo y lo logras con éxito, y esta vez no recuerdas nada de lo soñado, y eso es bueno...
En el trabajo la misma gente aburrida de siempre, el jefe que no deja de presionar, la aburrida rutina de su rutina diaria, por dicha se acerca el fin de semana y te olvidarás de ellos por casi sesenta horas, esperando que salgas el viernes temprano. Pones todo en orden para poder ir por el café, lo necesitas otra vez, además, hoy la esposa de Alejandro mandó pastel para todos y por nada del mundo te lo perderías. Revisas el celular y S. no ha respondido aún, pensarías que un jabón olvidado no puede ser un error lo suficientemente grande como para que no te responda ni uno solo de los mensajes que le mandaste, piensas que debes esforzarte un poco más pero lo harás después del café, tal vez llamarla ayude, habría que probar.
En la cafetería tienen puestas las noticias, y reportan de última hora un grave accidente, dónde hacía una hora, un camión que transportaba frutas se quedó sin frenos y chocó contra una parada de autobús, matando inmediatamente a todas las personas que estaban esperando. Al principio no prestas atención pero la noticia no te da muy buena espina, y se confirma una vez que abren la toma y descubres que es la parada que queda por tu casa. Intentas llamar a S., quieres contarle lo sucedido para que evite las presas, aún sabiendo que ella tuvo que haber salido de casa hace una hora. No contesta. Llamas a casa, no contesta, en su trabajo dicen que no ha llegado, la vuelves a llamar, sale su contestadora otra vez. Temes lo peor, piensas en todos los escenarios posibles aunque no quieras, escuchas los datos de los reporteros con atención. Los malos presagios se confirman cuando el estúpido periodista ese, lee con indiferencia y de tercero el nombre de S. en la lista de los quince fallecidos... Casi que pudiste escuchar como se te rompió el corazón en mil pedazos. Habías prometido que volverías a llorar sólo para eventos que así lo requirieran y tus lágrimas no faltaron a la cita esta vez. Te sientes mareado, te planteas la idea de vivir sin ella y ahora todo te da vueltas, repites su nombre como maniático, no te sientes bien, cierras los ojos y tus compañeros llegan a socorrerte, hasta que finalmente, te desmayas...
Sabes que el tiempo que duras en el baño tiene que ser igual al que tarda en estar listo el café con el par de tostadas de todas las mañanas. Es probable que si no estuvieras apurado, en lugar de comer sólo un par de tostadas comerías algo más nutritivo, como te lo recomendó la nutricionista, sacarías el tiempo para alistar, por ejemplo, un tazón de frutas, con granola y yogurt, algo que no sean harinas, porque las harinas no te ayudan con la dieta, que a tu edad ya no se pueden comer ciertas cosas, bla, bla, bla; la podrías recitar de memoria, con ademanes y todo, y eso es bueno, al parecer ese día sí le prestaste atención y no como las otras veces en que estabas más interesado en lo bien que se veía que en la tonta nutrición; en fin, esta deliberación ya te consumió otros 3 minutos que no estaban dentro de lo presupuestado, y rápidamente ingresas al baño.
Abres la ducha, y se te olvidó que ayer se gastó todo el jabón y que no fuiste a comprar más. Improvisas, no queda de otra, ya no hay tiempo, tal vez lo puedas sustituir con champú, o lo que sea, "el asunto es parecer bañado", piensas en voz alta, de todos modos, "¿quién se va a dar cuenta?". Abres la llave y sale agua caliente, en lugar de pensar en cualquier otra cosa, piensas en los procesos que hacen que llegue el agua hasta ahí, por ejemplo, en la cantidad de bombas de agua que deben de haber desde la naciente hasta tu casa o las presiones a las que se ven sometidas, todos los días, las tuberías y los empaques; hablando de eso, cierras la llave y te das cuenta que la llave no cierra del todo bien y tiene una fuga pequeña; otra tarea que se sumará a la interminable lista de cosas que tienes que arreglar para cuando tengas tiempo... pero nunca lo tienes, y no lo tienes tampoco ahora, debes mudarte y peinarte, sin olvidar el desodorante y el perfume; la bonita plática contigo mismo sobre las bombas de agua y las tuberías te costaron nueve minutos más de lo que tenías pensado, y todavía tienes que comer...
Se acabó jalea, pero hay natilla... "Ni modo, es lo que hay...", piensas que de hoy no puede pasar y que tienes que sacar el tiempo para ir con S. de compras. Se lo dirías ya, pero ella sigue durmiendo, sabes lo mucho que odia que la despierten, de hecho, el tema de que ya no puedan viajar juntos al trabajo porque ahora te toca viajar más largo es algo que sabes que le molesta, pero otra vez, aquí se aplica el "ni modo, es lo que hay", trabajo es trabajo y te costó mucho conseguirlo como para que eso sea un obstáculo ahora. Probablemente no se lo digas porque piensas que lo sabe, pero extrañas mucho desayunar con ella todos los días, y verla más seguido. Antes, por ejemplo, cuando trabajaban en edificios contiguos, sólo no se veían mientras estaban en el trabajo, ahora es diferente, y las dos horas y media que gastas viajando al día cambiaron esa rutina por otra que ya no te gusta tanto. Pero, "es temporal" piensas, "pronto podremos pagar por un apartamento que nos quede más cerca a ambos o un auto, lo que pase primero"... revuelves el café negro, como su pelo, y aunque estás a quince minutos de perder el bus, y duras ocho caminando hasta la parada, te das este gusto, necesitas estos dos minutos para sentarte, tomarte el café y pensar en ella... pero no más, te levantas, lavas rápidamente el plato y la taza, corres directamente a lavarte los dientes y por tu rápido beso de despedida, que para tu suerte casi coincides con el despertador de ella... le dices que lo sientes, por despertarla y por el jabón que no compraste, como es natural se enoja, y con razón, es una pena que no lleve ni un minuto despierta y ya la hayas hecho enojar, "¡Prometo compensarte!" le dices, mientras te despides y te vas pensando en cómo lo harás...
Llegas corriendo a la parada y tomas el bus, por suerte hoy llegarás a tiempo, hoy no se cumplirá la "visión" que tuviste hace un rato, le mandas el típico mensaje de "Buenos días" esperando que esto la calme un poco, "ya se le pasará", piensas, e intentas dormirte mientras llegas al trabajo y lo logras con éxito, y esta vez no recuerdas nada de lo soñado, y eso es bueno...
En el trabajo la misma gente aburrida de siempre, el jefe que no deja de presionar, la aburrida rutina de su rutina diaria, por dicha se acerca el fin de semana y te olvidarás de ellos por casi sesenta horas, esperando que salgas el viernes temprano. Pones todo en orden para poder ir por el café, lo necesitas otra vez, además, hoy la esposa de Alejandro mandó pastel para todos y por nada del mundo te lo perderías. Revisas el celular y S. no ha respondido aún, pensarías que un jabón olvidado no puede ser un error lo suficientemente grande como para que no te responda ni uno solo de los mensajes que le mandaste, piensas que debes esforzarte un poco más pero lo harás después del café, tal vez llamarla ayude, habría que probar.
En la cafetería tienen puestas las noticias, y reportan de última hora un grave accidente, dónde hacía una hora, un camión que transportaba frutas se quedó sin frenos y chocó contra una parada de autobús, matando inmediatamente a todas las personas que estaban esperando. Al principio no prestas atención pero la noticia no te da muy buena espina, y se confirma una vez que abren la toma y descubres que es la parada que queda por tu casa. Intentas llamar a S., quieres contarle lo sucedido para que evite las presas, aún sabiendo que ella tuvo que haber salido de casa hace una hora. No contesta. Llamas a casa, no contesta, en su trabajo dicen que no ha llegado, la vuelves a llamar, sale su contestadora otra vez. Temes lo peor, piensas en todos los escenarios posibles aunque no quieras, escuchas los datos de los reporteros con atención. Los malos presagios se confirman cuando el estúpido periodista ese, lee con indiferencia y de tercero el nombre de S. en la lista de los quince fallecidos... Casi que pudiste escuchar como se te rompió el corazón en mil pedazos. Habías prometido que volverías a llorar sólo para eventos que así lo requirieran y tus lágrimas no faltaron a la cita esta vez. Te sientes mareado, te planteas la idea de vivir sin ella y ahora todo te da vueltas, repites su nombre como maniático, no te sientes bien, cierras los ojos y tus compañeros llegan a socorrerte, hasta que finalmente, te desmayas...
***
Abres los ojos porque suena una alarma, ese bendito sonido. Te incorporas, miras hacia la izquierda para ver el reloj, y para tu sorpresa son las 5:40 a. m., estás empapado en sudor, volteas a tu derecha y ahí, a tu lado, sigue S., preocupada por la forma como gritabas su nombre...
sábado, 20 de febrero de 2016
Canción para nadie
Mikel Izal
Estimado no-lector, sé que tengo mucho tiempo de no escribirte, y pido las disculpas del caso, y no ha sido por falta de tiempo, aunque, es cierto, ya no tengo tanto tiempo como antes, sino más bien porque siento que me he quedado sin palabras... y no en el sentido "cursi" de la expresión. He comenzado cinco cuentos y no he terminado ninguno, y escritos como estos van por el mismo camino. Y no sé cuál pueda ser la razón. Creo que se deba a la rara época que estoy viviendo, por lo ocupado que he estado o porque simplemente mi "musa" se fue de vacaciones y ni trazas de que vuelva pronto... en fin, mientras la espero, he decidido dejarte por aquí está canción que me encontré por casualidad y no he podido sacarme de la cabeza.
Aún no te conozco
Aún no se tu nombre
y ya echo de menos, tus domingos por la tarde.
Aún no me he atrevido, a jugar mis cartas
y ya tengo miedo de no conseguir jugarlas.
No detuvo el tiempo
un beso furtivo
pero en mi cabeza
ya esta todo decidido
Me faltan detalles que he de concretar
el color de ojos por ejemplo me da igual
risas que no falten me voy a callar
todas esas cosas que puedan sonarnos mal
No sentí tus labios
no he sentido el peso de tu cuerpo
y ya estoy muriéndome de celos
por el hombre que ahora besa tu pecho
he de reconocer que no tengo derecho
no tengo derecho...
Aún no hemos reído como dos idiotas
te tengo guardadas mis mejores bromas
Aún no he conocido tus raras manías
y ya tengo ganas de que aguantes tu las mías
Aún no hemos sufrido la cruel rutina
y ya estoy pensando como llenaré los días
Me faltan detalles que he de concretar
el color de ojos por ejemplo me da igual
risas que no falten me voy a callar
todas esas cosas que puedan sonarnos mal
No sentí tus labios
he sentido el peso de tu cuerpo
y ya estoy muriéndome de celos
por el hombre que ahora besa tu pecho
he de reconocer que no tengo derecho...
Aún no te conozco y ya te he perdido
me valdrá cualquiera
siempre me pasa lo mismo.
***
Estimado no-lector, sé que tengo mucho tiempo de no escribirte, y pido las disculpas del caso, y no ha sido por falta de tiempo, aunque, es cierto, ya no tengo tanto tiempo como antes, sino más bien porque siento que me he quedado sin palabras... y no en el sentido "cursi" de la expresión. He comenzado cinco cuentos y no he terminado ninguno, y escritos como estos van por el mismo camino. Y no sé cuál pueda ser la razón. Creo que se deba a la rara época que estoy viviendo, por lo ocupado que he estado o porque simplemente mi "musa" se fue de vacaciones y ni trazas de que vuelva pronto... en fin, mientras la espero, he decidido dejarte por aquí está canción que me encontré por casualidad y no he podido sacarme de la cabeza.
domingo, 13 de septiembre de 2015
C.S. Lewis
Brooke Fraser
If I find in myself desires nothing in this world can satisfy,
I can only conclude that I was not made for here
If the flesh that I fight is at best only light and momentary,
then of course I'll feel nude when to where I'm destined I'm compared
Speak to me in the light of the dawn
Mercy comes with the morning
I will sigh and with all creation groan as I wait for hope to come for me
Am I lost or just less found? On the straight or on the roundabout of the wrong way?
is this a soul that stirs in me, is it breaking free, wanting to come alive?
Cos my comfort would prefer for me to be numb
And avoid the impending birth of who I was born to become
Speak to me in the light of the dawn
Mercy comes with the morning
I will sigh and with all creation groan as I wait for hope to come for me
For we, we are not long here
Our time is but a breath, so we better breathe it
And I, I was made to live, I was made to love, I was made to know you
Hope is coming for me
Hope, He's coming
Empezaré copiando textual un pasaje bíblico que no me ha dejado de dar vueltas en la cabeza desde hace unos días, y es el que está en I Corintios 15:51-57 (RV60)
51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Estimado No-lector, al igual que C.S. Lewis, hace algún tiempo llegué a la conclusión de que si en mí habían deseos que nada de lo que estaba en el mundo podían satisfacer, que era lógico pensar que entonces no fui hecho para aquí, que debe haber algo más. Y aquí estoy, disertando sobre el cielo una vez más. De acuerdo a muchos factores que se han presentado en estos tiempos, es probable que el acontecimiento que describe el apóstol Pablo en este pasaje suceda pronto (El arrebatamiento de la Iglesia), por lo tanto, como dijo una vez Job: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro..." (Job 19:25-27 RV60).
So, He's coming!! Y mientras este hecho no suceda (o muramos) hay esperanza, y como dice el mismo apóstol HOY es el día favorable, HOY es el día de Salvación y en el link de abajo dejaré un poco más de información al respecto.
sábado, 22 de agosto de 2015
Learning to Breathe
Switchfoot
Hello, good morning, how you do?
What makes your rising sun so new?
I could use a fresh beginning too
All of my regrets are nothing new
So this is the way that I say I need You
This is the way that I'm
[Chorus:]
Learning to breathe
I'm learning to crawl
I'm finding that You and You alone can break my fall
I'm living again, awake and alive
I'm dying to breathe in these abundant skies
Hello, good morning, how you been?
Yesterday left my head kicked in
I never, never thought that
I would fall like that
Never knew that I could hurt this bad
[Chorus]
So this is the way I say I need You
This is the way that I say I love You
This is the way that I say I'm Yours
This is the way, this is the way
[Chorus]
Hello good morning how you do?
Disertaciones sobre el cielo
Estimado No - lector, últimamente he estado pensando un poco sobre lo que será la vida después de la muerte, el "Más-allá" como lo llaman algunos, ya sea porque muera o porque Él venga por mí. Como he comentado en otras ocasiones, hace algunos años decidí entregarle mi vida a Jesucristo y por ende, me convertí al cristianismo, con todo lo que eso implica. Seré honesto, cuando lo acepté no lo hice pensando en la vida eterna y pasar eternidades con Él, aunque sí lo tenía en cuenta, no fue lo que me movió; lo que realmente me motivó fue la Salvación que ofrecía en el tiempo presente y la paz que necesitaba. Por lo tanto, he de confesar también, y tal vez con una pizca de arrepentimiento, que desde ese tiempo, a la salvación futura no le dí la importancia que se merece un evento tan grande como ese; o tal vez sí lo hice, pero no con la frecuencia y la pasión que se supone debería de haberlo hecho, pero creo que ya no viene al caso.
Por lo tanto, es probable que muchos de los errores (horrores) que he tenido durante mi vida cristiana se han debido a esta falta de visión a futuro. Pienso que esto no hay nadie que lo explique mejor que uno de los escritores que más disfruto leer, el inglés C. S. Lewis, que escribió una vez: "Los cristianos que más hicieron por el mundo presente fueron precisamente aquellos que pensaron más en el venidero. Fue a partir de que los cristianos comenzaron a pensar menos en el otro mundo que se hicieron más ineficaces en éste. Apunta al cielo y también le darás a la tierra; apunta a la tierra y no le darás a ninguno."
Pero esto pasará pronto, tarde o temprano: mis luchas, las dudas y temores, incluso mis sueños tontos; así está escrito, en un abrir y cerrar de ojos, algún día, estaré delante de SU presencia y me tocará darle cuentas de lo que hice con el tiempo que estuve acá en la Tierra. Aunque tiene todo el derecho de juzgarme, no lo hará, se comportará con la misma misericordia que ha practicado conmigo hasta entonces y es probable que ese día me repita: "Yo soy el que borro tus rebeliones y nunca más me acordaré de ellas. Veo a mi hijo en ti, entra en el gozo de tu Señor", intentaré abrazarlo y aliviado me uniré al resto de los salvados. Echaré un vistazo al panorama, uno que nunca he visto, y quedaré abrumado de tanta belleza.
Seguramente, en algún momento, cuando salga de la impresión que me provoquen los primeros minutos en ese lugar, pediré hablar con Él, y por fin conocerlo. Pero mientras espero mi turno, hablaré con la gente que admiro como Tolkien y Lewis. Escucharé a Spurgeon hablando con Pablo, mientras David canta salmos y los hermanos Foreman lo acompañan con las melodías. Acompañaré a mis amigos, a mis padres y conoceré gente nueva.
Luego escucharé mi nombre, e iré a "Su oficina". Le agradeceré por todo, trataré de acordarme, por ejemplo: agradeceré por escogerme, por mi familia y por cada una de las personas que me permitió conocer, por el país dónde me dejó nacer y todo lo que viví. Después, y si todavía sigo siendo el tonto que soy, le preguntaré sobre cosas que siempre me intrigaron como porqué escogió la proporción aura para algunas características de sus creaciones, o qué tan parecida es su matemática y leyes físicas a las nuestras, sobre la extensión real del universo y si en algún otro planeta creo vida... Si recuerdo todo eso, estoy seguro que responderá con paciencia y se reirá de esas tonteras. Le preguntaré sobre que hubiera pasado con mi vida si hubiera seguido como hasta ahora, que si hubiera sido padre o que si me habría casado con la chica que me gustaba, sobre los viajes que habría hecho. Se reirá de mí y de estas ocurrencias, pero reiremos juntos, como con un viejo amigo, pero me contestará todo y también me dirá que todo estará bien, que tiene cada día planeado para no extrañé nada de eso, pero que es una sorpresa, lo dirá porque sabe cuánto las odio, pero que también sabe que en ese momento no me importará más. Después de una buena charla, me despediré momentáneamente e iré a un lugar silencioso y alejado del bullicio de las alabanzas y de millones de personas hablando, Él lo entenderá, al igual que yo, Él disfruta el silencio y la soledad. Y ahí, solo y en dulce paz, meditaré sobre todo y lloraré un poco, pero esta vez de felicidad; ahí, poco a poco me liberaré de toda la humanidad que llevo a cuestas...
***
Puede ser que suceda como lo describí arriba o no, supongo, no lo sé, pero por el momento es un punto que me tiene sin cuidado.
lunes, 27 de julio de 2015
Encuentro (Parte III)
Isaac Felipe Azofeifa
Distribuyes
direcciones, sonidos, luces, ángulos, imágenes.
Llegas como el secreto ejército del viento
que descarga su golpe arrebatando
y sin cesar girando.
Te pareces
al corazón sediento de un gran pájaro
que bebiera como un agua infinita
la infinitud del mundo.
Contigo nace joven
el universo.
Eres un árbol, -su alta copa ardiendo arriba-,
su savia como un río puesto en pie.
La vida empieza en la palabra tuya
y no se sabe a dónde fueron el dolor y la muerte.
domingo, 8 de febrero de 2015
Retorno a Tipasa
Albert Camus
A mediodía, sobre las laderas medio arenosas y cubiertas por heliotropos como por una espuma que hubieran dejado al retirarse las olas furiosas de los últimos días, miraba el mar, que a esa hora se agitaba apenas con un movimiento fatigado, y calmaba esa doble sed que no se puede engañar mucho tiempo sin que el ser se seque, quiero decir amar y admirar. En no ser amado sólo hay mala suerte: en no amar hay desgracia. Hoy en día todos morimos de esa desgracia. Porque la sangre, los odios, descarnan el corazón; la prolongada reivindicación de la justicia agota el amor que, sin embargo, la hizo nacer. En el clamor en que vivimos, el amor es imposible y la justicia no basta. Por eso Europa odia el día y no sabe más que oponer injusticia a la injusticia. Pero para impedir que la justicia, hermoso fruto naranja que no contiene más que una pulpa amarga y seca, se agoste, volvía a descubrir en Tipasa que había que guardar intactas dentro de uno mismo una frescura y una fuente de alegría; amar el día que escapa a la injusticia y volver al combate con esa luz conquistada. Volvía a encontrar allí la antigua belleza, un cielo joven, y ponderaba mi suerte, comprendiendo por fin que en los peores años de nuestra locura el recuerdo de este cielo no me había abandonado nunca. Era él quien, para concluir, me había impedido perder la esperanza. Yo había sabido siempre que las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestras obras en construcción o nuestros escombros. El mundo empezaba allí cada día con una luz siempre nueva. «¡Oh, luz!», ése es el grito de todos los personajes enfrentados, en el drama antiguo, a su destino. Ese último recurso era también el nuestro y ahora yo lo sabía. En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible. (1953)
A mediodía, sobre las laderas medio arenosas y cubiertas por heliotropos como por una espuma que hubieran dejado al retirarse las olas furiosas de los últimos días, miraba el mar, que a esa hora se agitaba apenas con un movimiento fatigado, y calmaba esa doble sed que no se puede engañar mucho tiempo sin que el ser se seque, quiero decir amar y admirar. En no ser amado sólo hay mala suerte: en no amar hay desgracia. Hoy en día todos morimos de esa desgracia. Porque la sangre, los odios, descarnan el corazón; la prolongada reivindicación de la justicia agota el amor que, sin embargo, la hizo nacer. En el clamor en que vivimos, el amor es imposible y la justicia no basta. Por eso Europa odia el día y no sabe más que oponer injusticia a la injusticia. Pero para impedir que la justicia, hermoso fruto naranja que no contiene más que una pulpa amarga y seca, se agoste, volvía a descubrir en Tipasa que había que guardar intactas dentro de uno mismo una frescura y una fuente de alegría; amar el día que escapa a la injusticia y volver al combate con esa luz conquistada. Volvía a encontrar allí la antigua belleza, un cielo joven, y ponderaba mi suerte, comprendiendo por fin que en los peores años de nuestra locura el recuerdo de este cielo no me había abandonado nunca. Era él quien, para concluir, me había impedido perder la esperanza. Yo había sabido siempre que las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestras obras en construcción o nuestros escombros. El mundo empezaba allí cada día con una luz siempre nueva. «¡Oh, luz!», ése es el grito de todos los personajes enfrentados, en el drama antiguo, a su destino. Ese último recurso era también el nuestro y ahora yo lo sabía. En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible. (1953)
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