domingo, 8 de febrero de 2015

Retorno a Tipasa

Albert Camus

A mediodía, sobre las laderas medio arenosas y cubiertas por heliotropos como por una espuma que hubieran dejado al retirarse las olas furiosas de los últimos días, miraba el mar, que a esa hora se agitaba apenas con un movimiento fatigado, y calmaba esa doble sed que no se puede engañar mucho tiempo sin que el ser se seque, quiero decir amar y admirar. En no ser amado sólo hay mala suerte: en no amar hay desgracia. Hoy en día todos morimos de esa desgracia. Porque la sangre, los odios, descarnan el corazón; la prolongada reivindicación de la justicia agota el amor que, sin embargo, la hizo nacer. En el clamor en que vivimos, el amor es imposible y la justicia no basta. Por eso Europa odia el día y no sabe más que oponer injusticia a la injusticia. Pero para impedir que la justicia, hermoso fruto naranja que no contiene más que una pulpa amarga y seca, se agoste, volvía a descubrir en Tipasa que había que guardar intactas dentro de uno mismo una frescura y una fuente de alegría; amar el día que escapa a la injusticia y volver al combate con esa luz conquistada. Volvía a encontrar allí la antigua belleza, un cielo joven, y ponderaba mi suerte, comprendiendo por fin que en los peores años de nuestra locura el recuerdo de este cielo no me había abandonado nunca. Era él quien, para concluir, me había impedido perder la esperanza. Yo había sabido siempre que las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestras obras en construcción o nuestros escombros. El mundo empezaba allí cada día con una luz siempre nueva. «¡Oh, luz!», ése es el grito de todos los personajes enfrentados, en el drama antiguo, a su destino. Ese último recurso era también el nuestro y ahora yo lo sabía. En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible. (1953)


viernes, 9 de enero de 2015

Puente



Gustavo Cerati

Hoy te busqué
en la rima que duerme
con todas las palabras. 
Si algo callé
es porque entendí todo
menos la distancia. 

Desordené átomos tuyos
para hacerte aparecer. 

Un día más, un día más... 

Arriba el sol
abajo el reflejo
de como estalla mi alma. 
Ya estás aquí
y el paso que dimos
es causa y es efecto. 

Cruza el amor
yo cruzaré los dedos
gracias por venir
gracias por venir. 

Adorable puente
se ha creado entre los dos. 

Cruza el amor
yo cruzaré los dedos
gracias por venir
gracias por venir. 

Adorable puente. 

Cruza el amor
cruza el amor por el puente. 
Usa el amor
usa el amor como un puente.


Últimamente, no sé porqué escucho la música que escucho, ni tampoco porqué todo lo que escucho se me pega como chicle. Tenía mucho tiempo de no escuchar el disco "Bocanada" de Cerati, de dónde sale esta joya, he de confesar que me vi influencia a volver a hacerlo luego de que pasara la ola de "nuevos fans" que provoca la muerte de un artista de esta magnitud.

Carta a M



Amada M:

El número exacto de la cantidad de veces que he intentado escribirte desde tu  partida lo desconozco, sé que han sido muchos y además sé que no viene al caso. Me hubiera gustado haber comenzado a escribirla diferente, pero siendo honesto, como lo intenté ser todo el tiempo que estuvimos juntos, no sé como se escriben este tipo de cartas, entonces iré directamente al punto: "Amada M, te extraño en demasía.." Esta frase, obligatoriamente, tendría que ir acompañada de las razones por las cuales realizo esta aseveración, además de las cosas que más extraño de ti, pero mientras lo hacía me pareció que algunas no vienen al caso, eso sí, quiero citar las que odio cuánto me arruinaste: "Desde que te fuiste odio toparme con un libro de Kafka, de Borges o de Márquez, porque eran tuyos, nunca nuestros y sin duda alguna, odio verte en cada lugar donde comimos juntos, donde esperamos, donde, sin querer y de forma inocente, nos tomamos de la mano por primera vez...", ¡cuánta cursilería se derrocha cuando se extraña!. Existe, además, otra problema que me asusta y es que mientras camino se reviven los sucesos, hecho que me molesta bastante pero que tampoco puedo achacarle a alguien toda la culpa. He aprendido a convivir con esto, quizás porque estoy convencido de que no estás y no estarás, que esa ilusión que recrea mi mente no eres tú y que por supuesto, no se pueden vivir de los recuerdos que se han diluido con el paso del tiempo. No voy a mentirte, se puede decir que hay ademanes de ti que ya olvidé, gestos y sonidos que las fotos no me transmiten, pero sin duda recuerdo los que más me gustaban, como tu risa nerviosa, la forma en que decías que algo te gustaba o como pronunciabas mi nombre, tal vez, porque no las he vuelto a encontrar en nadie y cómo yo lo recuerdo, son sólo tuyos. El martes pasado, estando en un restaurante distinto al nuestro y conversando con una amiga, apareciste de repente, algo tan usual en ti, que tuve miedo. Las palabras iban y venían, y para variar, se hacía tarde, mientras resolvíamos unos asuntos empecé poco a poco a perderme en el café de sus ojos y cuando caí en cuenta eras tú, toda tú, tu pelo, tus ojos, tu hablar, no lo podía creer, asustado me levanté, y me dirigí al baño, empecé a echarme agua en la cara para demostrarme a mí mismo que no estaba soñando... Después de un rato, volví a su lado o tu lado, no lo sé, y estaba (o estabas) esperándome, conseguí volver a concentrarme en la conversación anterior, como no lo podía hacer contigo, y me convencí que no podías ser tú, por el hecho de lo mucho que odias ese tipo de charlas y mis bromas, ambas que a está "versión" tuya parecía interesarle. No lo soporté, es cierto, y me despedí aduciendo cansancio. Al día siguiente la volví a ver, y ya no estabas, volvió a ser ella otra vez, hecho que me desilusionó un poco, pero que normalizó la situación nuevamente. He de confesar, que días posteriores intenté repetir el proceso para verte de nuevo, sin conseguir éxito alguno. Y así pasó los días, hay algunos que se pierde, otros que se gana. Tiempo que se pierde, noches que se regalan, felicidad olvidada, tristeza solamente mía. Y aquí estoy, extrañándote como nadie nunca lo ha hecho, o eso me gusta pensar; y esperando que estas letras te alcancen, mientras voy a mis soledades aunque vengo de ellas porque para andar contigo sólo me bastan mis pensamientos...

sábado, 15 de noviembre de 2014

Copenhague

Vetusta Morla

El corría, nunca le enseñaron a andar
se fue tras luces pálidas.
Ella huía de espejismos y horas de más.
Aeropuertos, unos vienen, otros se van,
Igual que Alicia sin ciudad.

El valor para marcharse,
El miedo a llegar

Llueve en el canal, la corriente enseña
El camino hacia el mar
Todos duermen ya.

Dejarse llevar suena demasiado bien,
Jugar al azar.
Nunca saber dónde puedes terminar...
O empezar.

Un instante mientras los turistas se van,
Un tren de madrugada
Consiguió trazar
La frontera entre siempre o jamás.

Llueve en el canal, la corriente enseña
El camino hacia el mar
Todos duermen ya

Dejarse llevar suena demasiado bien,
Jugar al azar.
Nunca saber dónde puedes terminar...
O empezar.

Ella duerme tras el vendaval,
No se quitó la ropa.
Sueña con despertar
En otro tiempo y en otra ciudad

Dejarse llevar suena demasiado bien,
Jugar al azar.
Nunca saber dónde puedes terminar...
O empezar.


No he definido aún que es lo que me quiebra más en el tortuoso mes de noviembre, si la sofocante cantidad de trabajo o el hecho a solo poder ver gente que esté relacionada con la universidad. Para el colmo de males, el "soundtrack" que he elijo no es el indicado. Por eso es prudente, escaparse de vez en cuando a "Copenhague", las veces que sean necesarias... para eso existe y fue creado el botón de "reply". 

sábado, 1 de noviembre de 2014

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!

Walt Whitman

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!
de sus preguntas que vuelven,
Del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios,

De mí mismo,
que me reprocho siempre (pues,
¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
De lo malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que
vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?

Respuesta:

Que estás aquí - que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que
puedes contribuir con un verso.

domingo, 17 de agosto de 2014

Sin nombre

Era un hombre como cualquier otro, quizá bastante similar al resto, incluso más de lo que él quisiera; todo lo que en él había, sus virtudes, defectos y debilidades, eran humanas, características filtradas y heredadas por sus padres y de sus padres, por los siglos de los siglos desde el comienzo de los tiempos.

Trabajaba en el mismo lugar desde hacia mucho tiempo, en un banco cerca de su casa. Empezó como encargado de las encomiendas o cualquier tipo de diligencia que se le encargara y ahora ostentaba de un puesto de relativa importancia. Puesto que le permitió hace un par años conocer a una hermosa muchacha, hija del gerente general, con la que pronto iba a contraer matrimonio, para ser exactos, mañana. Se podría decir, y así lo pensaba él, que estaba frente a la mejor etapa de su vida, hecho que disfrutaba aunque esa felicidad no era tan notoria para las demás personas.

Al saber que iba a estar lejos de sus funciones regulares por algunos días, se dedicó en lo que quedaba del día a coordinar con su secretaria todas las diversas actividades que debían realizarse durante su ausencia. Ella era una joven rubia, bastante bonita que en ese momento solo se dedicaba a tomar notas. Había estado trabajando con él desde hacia unos seis meses.

Terminó el día laboral, se tomó un café, como todas las tardes; un café completamente insípido, hecho que atribuyó a la persona encargada de prepararlo, ya que era nueva en su puesto. Esta tradición era inquebrantable, pese a que ganaba lo suficiente como para comprarse un café de mejor calidad en cualquier otro lugar; era un hombre que seguía sus tradiciones religiosamente, tanto que los cambios repentinos lo asustaban, por lo que le pareció extraño que al estar tan cerca a un evento de la altura de un matrimonio no sintiera el más mínimo temor o cosquilleo o algún sentimiento, el que fuera, estaba tranquilo, como si en lugar de café estuviera tomando té de tilo, algo que explicaría su falta de sabor, no así la coloración de su bebida.

Estas meditaciones le retuvieron un tiempo, no se percató que ya era tarde y se dirigió a su casa luego de una breve charla con el guarda de seguridad del banco, contándole que estaría fuera unos días y del incidente del café sin sabor para que tomara las precauciones del caso. El oficial solo asintió con la cabeza sin mencionar una sola palabra.

Su novia, unos cinco años más joven que él y de una cabellera negra y larga, se había encargado de todos y cada uno de los detalles concernientes a su boda, por lo que esa noche no tenía ninguna actividad importante que hacer, estaba libre para realizar cualquier cosa que quisiera. Pensó en llamar a sus amigos o a su hermano para una última cena antes de romper, de una vez por todas, con su soltería, pero justo antes de hacerlo se dio cuenta que eran las 5:23 a.m. No tenía idea cómo el tiempo se había esfumado sin ni siquiera tener chance de cenar, o ver a sus amigos para un breve festejo. Pensaba que no podía ser posible que hubiera durado tanto tiempo caminando hasta su casa, o charlando con el guarda o tomando café; pero no se sentía cansado, sospechaba que algo extraño estaba pasando alrededor suyo o que se había quedado dormido, pero nuevamente no le dio importancia a lo ocurrido y tomó una ducha, con agua fría para refrescar sus ideas.

La boda sería a las 10 a.m. de esa misma mañana por lo que salió, como es lógico, en cuanto estuvo listo para evitar cualquier contratiempo. Se sentó en su carro y se dio cuenta que había olvidado echarle gasolina, el tanque estaba completamente vació; estaba convencido de que no podía perder más tiempo, por lo que tomó la decisión de empezar a caminar mientras aparecía un taxi o un autobús que lo llevara al lugar del evento. Mientras caminaba se le acercó un hombre bastante elegante, y pese a que no lo conocía se le hizo bastante familiar; lo saludó por pura cortesía, y empezaron una conversación mientras caminaban. Al parecer, él también había tenido problemas con su auto, y ambos se dirigían a sitios cercanos por lo que decidieron caminar juntos mientras aparecía un taxi; era extraño, las calles estaban despejadas y el único carro que circulaba por las calles era uno rojo, que para su desgracia, no era un taxi.
 
Pedro Novikov, era el nombre del elegante caballero, o al menos eso fue lo que le dijo, pero se convenció de que podía ser verdad al ver que su apellido ruso calzaba perfectamente con su apariencia física y acento. La conversación fue por todos los temas, desde la política hasta sus respectivos trabajos y familias, tan entretenida estuvo que no se percataron que llegaron a su destino alrededor de las 9:37 a.m. Se despidieron muy animosamente y quedaron en continuar la charla en cuanto estuviera de vuelta en la ciudad. Sin pensarlo dos veces, se dirigió al baño para mirarse al espejo y encaminarse al lugar donde seguramente lo estaría esperando su preocupada novia debido al retraso que había tenido. El espejo estaba quebrado, y a como pudo se peinó y acomodó el corbatín.

En la recepción, un oficial de la policía le pidió su identificación, al tratarse de una boda de tal importancia no era de extrañarse que las medidas de seguridad que se implementaran fueran las más estrictas, más tomando en cuenta todos los contactos que el gerente general del banco, su futuro suegro, podía tener. La buscó por todas partes, no la traía. "¡Cómo pude haber sido tan descuidado!", pensaba mientras se requisaba en todos los bolsillos una y otra vez, la habría dejado sin duda en el pantalón del día anterior o en la oficina. El oficial le pidió su nombre para revisar si se encontraba en la lista de personas autorizadas para ingresar, pero no lo pudo pronunciar, no lo recordaba, se le había olvidado por completo. Empezó a sudar, la impotencia lo gobernaba, su cerebro y su memoria le estaban dando una mala pasada en el momento menos indicado, se reía nerviosamente, quería llorar. El oficial le seguía pidiendo el nombre, él sólo atinaba a decir: "¡Soy el novio!".

El oficial no le creía, no podía creerle, el banquero estaba vestido con una bata y un pantalón viejo, más parecida a una pijama que a un traje de novio, a excepción del corbatín, que fue el único detalle que no olvidó ponerse en la atareada mañana. La única solución que encontró fue la de burlar como fuera posible al oficial e ir a buscar a Irina, su novia, que explicara este mal entendido. Ella buscaría un traje o algo que se pudiera poner, aunque se retrasaría la boda un par de horas, solucionaría el lío en que estaba metido, Irina siempre sabía que hacer.

Empezó a correr pese a los gritos del oficial y no se detuvo, fue interceptado por otros dos oficiales, muy parecidos al primero, seguramente por el uniforme. Estos no pudieron contenerlo por mucho tiempo pero tropezó y por la inercia siguió con fuerza hasta golpear unas puertas que cedieron por culpa del impacto. Las puertas pertenecían a un salón donde se estaba celebrando una boda, de forma instintiva todos volvieron a ver a nuestro desgarbado banquero, incluso los contrayentes. No podía creer lo que veía con sus ojos, los restregaba con fuerza y seguía sin creerlo, era la boda de Irina con Pedro Novikov. "El muy canalla aprovechó la información que obtuvo de nuestra conversación y todos mis infortunios para robar mi novia y mi vida", pensó y se apoderó de él una rabia profunda que lo obligó a correr hacia Pedro Novikov mientras gritaba :"¡Ladrón!" y otros insultos, para intentar golpearlo hasta que la policía se lo impidiera. Habría sido así, de no ser porque en el suelo se abrió un gran hoyo, profundo y oscuro, como el infinito, donde empezó a caer, y caer, y caer, mientras escuchaba la risa burlona del impostor...

***

Cuando abrió los ojos, estaba en una cama de hospital y como es natural, se sentía mareado y desorientado. A la par suya estaba una joven rubia, bastante bonita, que en ese momento solo se dedicaba a cambiar las bolsas de suero. Se mantuvo un rato en silencio, escuchando su entorno para descubrir que había pasado con Irina o con su boda o cualquier detalle, lo que fuera. Había sufrido un accidente automovilístico al que sobrevivió de milagro, o eso fue lo que le pareció escuchar, antes de cerrar nuevamente sus ojos, de la misma boca del Dr. Novikov, mientras hablaba con Irina, su Irina.

jueves, 14 de agosto de 2014

Un silbo apacible y delicado.

"Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado." (I Reyes 19:11-12 RV60)

He leído este par de versículos tantas veces como se pueda uno imaginar, y nunca me ha dejado de sorprender. Una vez, el pastor de mi iglesia decía: "Dios no grita, susurra para que estemos cerca de Él mientras habla"; como se habla con un amigo.

domingo, 10 de agosto de 2014

Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos...

Creo que lo he dicho muchas veces, aquí o por otros medios, pero desde que recuerdo he vivido rodeado de una atmósfera cristiana. Mi mamá, que llegó a los pies de Cristo cuando yo tenía apenas 3 años, siempre le ha gustado escuchar música (cosa que heredé, lo admito) y, como es natural, incluyó en sus gustos música con letras cristianas. Por esos tiempos, y de eso ya muchas lunas, estuvo de moda un grupo guatemalteco llamado "Palabra en Acción", el cual tiene una canción que me da vueltas en la cabeza de vez en cuando, que se llama "Dios no nos trajo aquí". Musicalmente no aporta mucho, algunos panderos y melodía repetitiva que va aumentando de velocidad conforme se repite, etc. Eso sí, la letra es un poco más interesante, y la pongo acá tal cual:

"Dios no nos trajo hasta aquí
Para volver atrás;
nos trajo hasta aquí
A poseer la tierra que Él nos dio.
Y aunque gigantes
Encuentre allá 
Yo nunca temeré;
Nos trajo aquí,
A poseer la tierra que Él nos dio."

Es normal que una canción que escuché en mi infancia "n-veces", y considerando que el valor de "n" tiende a infinito, se quede grabada en la memoria, pero lo importante de todo esto, considero yo, es en el momento "histórico" en que la recuerdo, justamente a un año, aproximadamente, de acabar mi carrera universitaria. Dentro de un par de días, más o menos inicio lo que podría ser mi penúltimo semestre, y es aquí donde ya no se tiene la posibilidad de "volver atrás" y dejar todo botado. Confieso que muchas veces he tenido ganas de hacerlo, más cuando existen más gastos que beneficios presentes en estudiar una carrera tan larga, pero tampoco puedo negar (cosa que agradezco infinitamente) que en esos momentos de duda, he visto de forma más clara la mano de Dios, sí, de Dios, para evitar que haga algo de lo que me vaya a arrepentir después;  y pese a mí mismo, "me trajo hasta aquí para poseer" algo que Él mismo preparó para mí, desde que sintiera una verdadera vocación por lo que ahora estudio, incluso muchísimo antes de tener planeado aparecer y caminar en este planeta. 

La situación no se ve muy alentadora, pero la verdad, para ser honestos, nunca se ha visto diferente. Quedan varios cursos rudos, la práctica y el proyecto de graduación, siendo estos los "gigantes que se encuentran allá", pero ya que me trajo hasta aquí, ¿Por qué no ir a tomar lo que Él ya me dio? 

Creo que uno de los objetivos principales por los que Dios dejó en su palabra historias como las del libro de Josué (https://www.biblegateway.com/passage/?search=Josu%C3%A9+1&version=RVR1960), que es la base para la canción en cuestión, fue para dar aliento y ubicar a gente (como yo) que está a punto de emprender tareas que sobrepasen sus facultades y límites. Repito, es mi suposición.

Soy pesimista por naturaleza, como buen aficionado al Barcelona F.C.,y si miro un poco hacia atrás, hace cinco años, veo que tenía las mismas dudas, inquietudes y temores que tenía hasta hace unos días, por lo cual, es claro que dentro de mí sigo siendo el mismo humano de toda la vida (esa parte de mí, mi naturaleza no ha cambiado y no lo va a hacer), convirtiéndome en mi propia versión de "Sísifo": cargando la roca de mis miedos y frustraciones hasta la cima de la montaña una y otra, y otra, y otra, y otra vez. Pero también Dios, como es su naturaleza, no ha cambiado para conmigo, y siempre me ha dado de "su vara y su cayado" para que deje a un lado mi testarudez y le crea de una vez por todas que "TODO VA A SALIR BIEN" y me asegura que TODAS las mañanas, cuando despierte, tiene para mí Misericordias Nuevas, y solo tengo que avanzar dentro de su maravilloso plan... Por lo cual, aquí descanso, no confiado y relajado en que las cosas van a salir por arte de magia, pero eso sí, con una paz que tenía tiempo de no experimentar y es una de las mejores sensaciones que se pueden tener.

Charles Dickens, comienza uno de mis libros favoritos de la siguiente manera:
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada..."
Creo que no pudo haber resumido esta etapa de mi vida mejor.

jueves, 17 de julio de 2014

De vez en cuando.

Hoy, después de pensar un rato en los eventos del día, llegué a la conclusión, que sin importar el tiempo que se tenga de no ver a alguien, sólo los amigos de verdad recuerdan que aunque podés tomar cualquier tipo de café preferís que sea negro y con dos de azúcar. Existen lugares que visité hace mucho y debería frecuentar lo más que se me permita, porque llena, como no se tiene idea, escuchar la felicidad de otros y alegrarse como si uno mismo la estuviera viviendo en carne propia; porque en una sala, un poquito más grande de mi cuarto, vive la vida, mi vida,  y mueren los egoísmos cuando se comparten miedos, vivencias y recuerdos, incluso los que me dan pena, cuando este par de oídos sirven para escuchar esperanzas sobre un futuro próximo y nos hace sonreír juntos, aunque sabemos que muchas veces, la mayoría, las cosas no acaban como las planeamos... Decía mi abuelo: "Arrieros somos y en el camino andamos", y sentiría en este momento una pena inmensa si en este "camino" no me hubiera topado con estas personas, pero para dicha del que aquí escribe, nos topamos, aunque sea, de vez en cuando.

"El Libro de los Abrazos" (Fragmentos)

Eduardo Galeano

Quiero comenzar confesando, por este medio y no por otro, que siempre he tenido cierto recelo a leer algo de Eduardo Galeano, pero no por algo en especial, tal vez por más pereza que otra cosa. Resulta ser, que recién acabé el semestre, por lo que, entre mis "rituales de limpieza y purificación" que me son necesarios para recargar fuerzas (así tal cuál se escribe acá), decidí ir a la biblioteca a sacar algunos libros que no había podido terminar y leer otros; entre ellos, estaba "El Libro de los Abrazos" del autor uruguayo y he de decir que me sorprendió de muy buena forma, es cierto que no comparto algunas ideas de las que vienen desarrolladas, pero hasta el momento me ha parecido genial, quizá en muy buena parte porque pese a que es bastante fácil de leer está cargado de metáforas y hasta ironías, en fin, un excelente libro. Acá, y como la mayoría de las veces que no tengo nada bueno que escribir, voy a poner fragmentos de lo que más me ha gustado, espero que también sea de su agrado.

***
La  noche/1

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

La noche/2

Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.

La noche/3

Yo me duermo a la orilla de una mujer; yo me duermo a la orilla del abismo.

La noche/4

Me desprendo del abrazo, salgo a la calle. 
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna. 
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.

Celebración de las contradicciones/2

Desatar las voces, desensoñar los sueños; escribo queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro lo real maravilloso en lo exacto centro de lo real horroroso de América.
Es estas tierras, la cabeza del dios Eleggúa lleva la muerte en la nuca y la vida en la cara. Cada promesa es una amenaza; cada pérdida, un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.
En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo.

***
Es probable que en algún futuro, no muy lejano transcriba otros.