domingo, 17 de agosto de 2014

Sin nombre

Era un hombre como cualquier otro, quizá bastante similar al resto, incluso más de lo que él quisiera; todo lo que en él había, sus virtudes, defectos y debilidades, eran humanas, características filtradas y heredadas por sus padres y de sus padres, por los siglos de los siglos desde el comienzo de los tiempos.

Trabajaba en el mismo lugar desde hacia mucho tiempo, en un banco cerca de su casa. Empezó como encargado de las encomiendas o cualquier tipo de diligencia que se le encargara y ahora ostentaba de un puesto de relativa importancia. Puesto que le permitió hace un par años conocer a una hermosa muchacha, hija del gerente general, con la que pronto iba a contraer matrimonio, para ser exactos, mañana. Se podría decir, y así lo pensaba él, que estaba frente a la mejor etapa de su vida, hecho que disfrutaba aunque esa felicidad no era tan notoria para las demás personas.

Al saber que iba a estar lejos de sus funciones regulares por algunos días, se dedicó en lo que quedaba del día a coordinar con su secretaria todas las diversas actividades que debían realizarse durante su ausencia. Ella era una joven rubia, bastante bonita que en ese momento solo se dedicaba a tomar notas. Había estado trabajando con él desde hacia unos seis meses.

Terminó el día laboral, se tomó un café, como todas las tardes; un café completamente insípido, hecho que atribuyó a la persona encargada de prepararlo, ya que era nueva en su puesto. Esta tradición era inquebrantable, pese a que ganaba lo suficiente como para comprarse un café de mejor calidad en cualquier otro lugar; era un hombre que seguía sus tradiciones religiosamente, tanto que los cambios repentinos lo asustaban, por lo que le pareció extraño que al estar tan cerca a un evento de la altura de un matrimonio no sintiera el más mínimo temor o cosquilleo o algún sentimiento, el que fuera, estaba tranquilo, como si en lugar de café estuviera tomando té de tilo, algo que explicaría su falta de sabor, no así la coloración de su bebida.

Estas meditaciones le retuvieron un tiempo, no se percató que ya era tarde y se dirigió a su casa luego de una breve charla con el guarda de seguridad del banco, contándole que estaría fuera unos días y del incidente del café sin sabor para que tomara las precauciones del caso. El oficial solo asintió con la cabeza sin mencionar una sola palabra.

Su novia, unos cinco años más joven que él y de una cabellera negra y larga, se había encargado de todos y cada uno de los detalles concernientes a su boda, por lo que esa noche no tenía ninguna actividad importante que hacer, estaba libre para realizar cualquier cosa que quisiera. Pensó en llamar a sus amigos o a su hermano para una última cena antes de romper, de una vez por todas, con su soltería, pero justo antes de hacerlo se dio cuenta que eran las 5:23 a.m. No tenía idea cómo el tiempo se había esfumado sin ni siquiera tener chance de cenar, o ver a sus amigos para un breve festejo. Pensaba que no podía ser posible que hubiera durado tanto tiempo caminando hasta su casa, o charlando con el guarda o tomando café; pero no se sentía cansado, sospechaba que algo extraño estaba pasando alrededor suyo o que se había quedado dormido, pero nuevamente no le dio importancia a lo ocurrido y tomó una ducha, con agua fría para refrescar sus ideas.

La boda sería a las 10 a.m. de esa misma mañana por lo que salió, como es lógico, en cuanto estuvo listo para evitar cualquier contratiempo. Se sentó en su carro y se dio cuenta que había olvidado echarle gasolina, el tanque estaba completamente vació; estaba convencido de que no podía perder más tiempo, por lo que tomó la decisión de empezar a caminar mientras aparecía un taxi o un autobús que lo llevara al lugar del evento. Mientras caminaba se le acercó un hombre bastante elegante, y pese a que no lo conocía se le hizo bastante familiar; lo saludó por pura cortesía, y empezaron una conversación mientras caminaban. Al parecer, él también había tenido problemas con su auto, y ambos se dirigían a sitios cercanos por lo que decidieron caminar juntos mientras aparecía un taxi; era extraño, las calles estaban despejadas y el único carro que circulaba por las calles era uno rojo, que para su desgracia, no era un taxi.
 
Pedro Novikov, era el nombre del elegante caballero, o al menos eso fue lo que le dijo, pero se convenció de que podía ser verdad al ver que su apellido ruso calzaba perfectamente con su apariencia física y acento. La conversación fue por todos los temas, desde la política hasta sus respectivos trabajos y familias, tan entretenida estuvo que no se percataron que llegaron a su destino alrededor de las 9:37 a.m. Se despidieron muy animosamente y quedaron en continuar la charla en cuanto estuviera de vuelta en la ciudad. Sin pensarlo dos veces, se dirigió al baño para mirarse al espejo y encaminarse al lugar donde seguramente lo estaría esperando su preocupada novia debido al retraso que había tenido. El espejo estaba quebrado, y a como pudo se peinó y acomodó el corbatín.

En la recepción, un oficial de la policía le pidió su identificación, al tratarse de una boda de tal importancia no era de extrañarse que las medidas de seguridad que se implementaran fueran las más estrictas, más tomando en cuenta todos los contactos que el gerente general del banco, su futuro suegro, podía tener. La buscó por todas partes, no la traía. "¡Cómo pude haber sido tan descuidado!", pensaba mientras se requisaba en todos los bolsillos una y otra vez, la habría dejado sin duda en el pantalón del día anterior o en la oficina. El oficial le pidió su nombre para revisar si se encontraba en la lista de personas autorizadas para ingresar, pero no lo pudo pronunciar, no lo recordaba, se le había olvidado por completo. Empezó a sudar, la impotencia lo gobernaba, su cerebro y su memoria le estaban dando una mala pasada en el momento menos indicado, se reía nerviosamente, quería llorar. El oficial le seguía pidiendo el nombre, él sólo atinaba a decir: "¡Soy el novio!".

El oficial no le creía, no podía creerle, el banquero estaba vestido con una bata y un pantalón viejo, más parecida a una pijama que a un traje de novio, a excepción del corbatín, que fue el único detalle que no olvidó ponerse en la atareada mañana. La única solución que encontró fue la de burlar como fuera posible al oficial e ir a buscar a Irina, su novia, que explicara este mal entendido. Ella buscaría un traje o algo que se pudiera poner, aunque se retrasaría la boda un par de horas, solucionaría el lío en que estaba metido, Irina siempre sabía que hacer.

Empezó a correr pese a los gritos del oficial y no se detuvo, fue interceptado por otros dos oficiales, muy parecidos al primero, seguramente por el uniforme. Estos no pudieron contenerlo por mucho tiempo pero tropezó y por la inercia siguió con fuerza hasta golpear unas puertas que cedieron por culpa del impacto. Las puertas pertenecían a un salón donde se estaba celebrando una boda, de forma instintiva todos volvieron a ver a nuestro desgarbado banquero, incluso los contrayentes. No podía creer lo que veía con sus ojos, los restregaba con fuerza y seguía sin creerlo, era la boda de Irina con Pedro Novikov. "El muy canalla aprovechó la información que obtuvo de nuestra conversación y todos mis infortunios para robar mi novia y mi vida", pensó y se apoderó de él una rabia profunda que lo obligó a correr hacia Pedro Novikov mientras gritaba :"¡Ladrón!" y otros insultos, para intentar golpearlo hasta que la policía se lo impidiera. Habría sido así, de no ser porque en el suelo se abrió un gran hoyo, profundo y oscuro, como el infinito, donde empezó a caer, y caer, y caer, mientras escuchaba la risa burlona del impostor...

***

Cuando abrió los ojos, estaba en una cama de hospital y como es natural, se sentía mareado y desorientado. A la par suya estaba una joven rubia, bastante bonita, que en ese momento solo se dedicaba a cambiar las bolsas de suero. Se mantuvo un rato en silencio, escuchando su entorno para descubrir que había pasado con Irina o con su boda o cualquier detalle, lo que fuera. Había sufrido un accidente automovilístico al que sobrevivió de milagro, o eso fue lo que le pareció escuchar, antes de cerrar nuevamente sus ojos, de la misma boca del Dr. Novikov, mientras hablaba con Irina, su Irina.

jueves, 14 de agosto de 2014

Un silbo apacible y delicado.

"Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado." (I Reyes 19:11-12 RV60)

He leído este par de versículos tantas veces como se pueda uno imaginar, y nunca me ha dejado de sorprender. Una vez, el pastor de mi iglesia decía: "Dios no grita, susurra para que estemos cerca de Él mientras habla"; como se habla con un amigo.

domingo, 10 de agosto de 2014

Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos...

Creo que lo he dicho muchas veces, aquí o por otros medios, pero desde que recuerdo he vivido rodeado de una atmósfera cristiana. Mi mamá, que llegó a los pies de Cristo cuando yo tenía apenas 3 años, siempre le ha gustado escuchar música (cosa que heredé, lo admito) y, como es natural, incluyó en sus gustos música con letras cristianas. Por esos tiempos, y de eso ya muchas lunas, estuvo de moda un grupo guatemalteco llamado "Palabra en Acción", el cual tiene una canción que me da vueltas en la cabeza de vez en cuando, que se llama "Dios no nos trajo aquí". Musicalmente no aporta mucho, algunos panderos y melodía repetitiva que va aumentando de velocidad conforme se repite, etc. Eso sí, la letra es un poco más interesante, y la pongo acá tal cual:

"Dios no nos trajo hasta aquí
Para volver atrás;
nos trajo hasta aquí
A poseer la tierra que Él nos dio.
Y aunque gigantes
Encuentre allá 
Yo nunca temeré;
Nos trajo aquí,
A poseer la tierra que Él nos dio."

Es normal que una canción que escuché en mi infancia "n-veces", y considerando que el valor de "n" tiende a infinito, se quede grabada en la memoria, pero lo importante de todo esto, considero yo, es en el momento "histórico" en que la recuerdo, justamente a un año, aproximadamente, de acabar mi carrera universitaria. Dentro de un par de días, más o menos inicio lo que podría ser mi penúltimo semestre, y es aquí donde ya no se tiene la posibilidad de "volver atrás" y dejar todo botado. Confieso que muchas veces he tenido ganas de hacerlo, más cuando existen más gastos que beneficios presentes en estudiar una carrera tan larga, pero tampoco puedo negar (cosa que agradezco infinitamente) que en esos momentos de duda, he visto de forma más clara la mano de Dios, sí, de Dios, para evitar que haga algo de lo que me vaya a arrepentir después;  y pese a mí mismo, "me trajo hasta aquí para poseer" algo que Él mismo preparó para mí, desde que sintiera una verdadera vocación por lo que ahora estudio, incluso muchísimo antes de tener planeado aparecer y caminar en este planeta. 

La situación no se ve muy alentadora, pero la verdad, para ser honestos, nunca se ha visto diferente. Quedan varios cursos rudos, la práctica y el proyecto de graduación, siendo estos los "gigantes que se encuentran allá", pero ya que me trajo hasta aquí, ¿Por qué no ir a tomar lo que Él ya me dio? 

Creo que uno de los objetivos principales por los que Dios dejó en su palabra historias como las del libro de Josué (https://www.biblegateway.com/passage/?search=Josu%C3%A9+1&version=RVR1960), que es la base para la canción en cuestión, fue para dar aliento y ubicar a gente (como yo) que está a punto de emprender tareas que sobrepasen sus facultades y límites. Repito, es mi suposición.

Soy pesimista por naturaleza, como buen aficionado al Barcelona F.C.,y si miro un poco hacia atrás, hace cinco años, veo que tenía las mismas dudas, inquietudes y temores que tenía hasta hace unos días, por lo cual, es claro que dentro de mí sigo siendo el mismo humano de toda la vida (esa parte de mí, mi naturaleza no ha cambiado y no lo va a hacer), convirtiéndome en mi propia versión de "Sísifo": cargando la roca de mis miedos y frustraciones hasta la cima de la montaña una y otra, y otra, y otra, y otra vez. Pero también Dios, como es su naturaleza, no ha cambiado para conmigo, y siempre me ha dado de "su vara y su cayado" para que deje a un lado mi testarudez y le crea de una vez por todas que "TODO VA A SALIR BIEN" y me asegura que TODAS las mañanas, cuando despierte, tiene para mí Misericordias Nuevas, y solo tengo que avanzar dentro de su maravilloso plan... Por lo cual, aquí descanso, no confiado y relajado en que las cosas van a salir por arte de magia, pero eso sí, con una paz que tenía tiempo de no experimentar y es una de las mejores sensaciones que se pueden tener.

Charles Dickens, comienza uno de mis libros favoritos de la siguiente manera:
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada..."
Creo que no pudo haber resumido esta etapa de mi vida mejor.

jueves, 17 de julio de 2014

De vez en cuando.

Hoy, después de pensar un rato en los eventos del día, llegué a la conclusión, que sin importar el tiempo que se tenga de no ver a alguien, sólo los amigos de verdad recuerdan que aunque podés tomar cualquier tipo de café preferís que sea negro y con dos de azúcar. Existen lugares que visité hace mucho y debería frecuentar lo más que se me permita, porque llena, como no se tiene idea, escuchar la felicidad de otros y alegrarse como si uno mismo la estuviera viviendo en carne propia; porque en una sala, un poquito más grande de mi cuarto, vive la vida, mi vida,  y mueren los egoísmos cuando se comparten miedos, vivencias y recuerdos, incluso los que me dan pena, cuando este par de oídos sirven para escuchar esperanzas sobre un futuro próximo y nos hace sonreír juntos, aunque sabemos que muchas veces, la mayoría, las cosas no acaban como las planeamos... Decía mi abuelo: "Arrieros somos y en el camino andamos", y sentiría en este momento una pena inmensa si en este "camino" no me hubiera topado con estas personas, pero para dicha del que aquí escribe, nos topamos, aunque sea, de vez en cuando.

"El Libro de los Abrazos" (Fragmentos)

Eduardo Galeano

Quiero comenzar confesando, por este medio y no por otro, que siempre he tenido cierto recelo a leer algo de Eduardo Galeano, pero no por algo en especial, tal vez por más pereza que otra cosa. Resulta ser, que recién acabé el semestre, por lo que, entre mis "rituales de limpieza y purificación" que me son necesarios para recargar fuerzas (así tal cuál se escribe acá), decidí ir a la biblioteca a sacar algunos libros que no había podido terminar y leer otros; entre ellos, estaba "El Libro de los Abrazos" del autor uruguayo y he de decir que me sorprendió de muy buena forma, es cierto que no comparto algunas ideas de las que vienen desarrolladas, pero hasta el momento me ha parecido genial, quizá en muy buena parte porque pese a que es bastante fácil de leer está cargado de metáforas y hasta ironías, en fin, un excelente libro. Acá, y como la mayoría de las veces que no tengo nada bueno que escribir, voy a poner fragmentos de lo que más me ha gustado, espero que también sea de su agrado.

***
La  noche/1

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

La noche/2

Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.

La noche/3

Yo me duermo a la orilla de una mujer; yo me duermo a la orilla del abismo.

La noche/4

Me desprendo del abrazo, salgo a la calle. 
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna. 
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.

Celebración de las contradicciones/2

Desatar las voces, desensoñar los sueños; escribo queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro lo real maravilloso en lo exacto centro de lo real horroroso de América.
Es estas tierras, la cabeza del dios Eleggúa lleva la muerte en la nuca y la vida en la cara. Cada promesa es una amenaza; cada pérdida, un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.
En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo.

***
Es probable que en algún futuro, no muy lejano transcriba otros.

sábado, 7 de junio de 2014

Going Nowhere

Oasis
I hate the way that you've taken back
Everything you've given to me
And the way that you'd always say
It's nothing to do with me
Different versions of many men
Come before you came
All their questions was similar
The answers just the same 

I could do with a motor car
Maybe a Jaguar maybe a plane or a day of fame
I wanna be a millionaire so can you take me there
Wanna be wild cos my life's so tame
Here am I, going nowhere on a train 
Here am I, growing older in the rain


***

Ésta es una de las canciones que forma parte de mi "soundtrack" para estas alturas del semestre. Si en algún momento, siente la necesidad de cantarla a todo pulmón, sepa que en esta parte del mundo la estaré cantando con usted.

miércoles, 4 de junio de 2014

Naufragio

Todo empezó una tarde... o quizás no. La mayoría de historias que pasan y carecen de importancia para la mayoría de las personas, no precisan de alguna ubicación en el espacio o el tiempo; la que hoy nos trae hasta acá puede ser ubicada, o no, en la tarde de un catorce de abril sin influir estrictamente en el desarrollo de los hechos en cuestión. Puede ser incluso, que ésta haya ocurrido en alguna hora posterior a las 12 m. d..; pero estos detalles quedarán libres para que, de alguna forma, el lector pueda crear diferentes escenarios, todos ellos relacionados a una misma historia. Eso sí, un detalle que no se debe pasar por alto y que lastimosamente no se puede dejar a criterio del lector es el tiempo. El tiempo era cambiante y extraño en esa época del año, de un incandescente sol a la torrencial lluvia solo había dos horas de diferencia, hecho que, si bien es muy común en el trópico, tomó por sorpresa al héroe de nuestra historia, que mientras caminaba rumbo a su casa, tuvo que buscar refugio en una parada de autobús, y gracias a este simulacro de tormenta que recién comenzaba y convencido que una lluvia de esa magnitud solo agravaría su estado de salud , que por aquellos días no andaba muy bien, lo tuvo detenido en ese sitio un largo tiempo...

 ¿Qué se hace mientras se espera?, ¿cómo matar el tiempo que pasa lento cuando se espera? Pensaba en él mismo como un náufrago sobreviviente de algún desastre... Estaba prácticamente recluido, el naufragio lo había traído hasta una isla de tres metros de ancho por cuatro de largo, y todo alrededor era gris y húmedo, mientras el ensordecedor ruido del agua emulaba el oleaje de un mar tempestuoso. Estuvo dando vueltas alrededor de su isla, buscando la forma de escapar sin terminar completamente mojado, pero no lo consiguió y finalmente resolvió sentarse en la banca, mojando así, únicamente su pantalón negro.

Si bien es cierto, en la mayoría de historias de naufragios hay mensajes que llegan encerrados en una botella, para nuestro amigo no existía tal cosa, eso sí, alrededor suyo pudo leer mensajes de todos los náufragos que lo precedieron, escritos en forma de grafitti y por todas partes. En algunos solo estaban sus nombres, en otros, palabras que hacía mucho tiempo no pronunciaba e incluso la mala reputación de algún otro, sin embargo, en uno leyó: "De todas las cosas lindas que hay en este mundo, me tocó a mí, verte cada mañana."...

Leyó la frase al menos unas tres veces más, le resultó imposible no pensar en C. mientras lo hacía. Le  pareció curioso como esa misma frase lo había despertado en la mañana y como desde entonces no había podido sacar a C. de su cabeza; sacó un cálculo estimado de la cantidad de tiempo que tenía de no verla ni escucharla, como si éste fuera un buen parámetro de medición en estos casos, como si la operación al final no arrojara un resultado dañino para él. "¿Cómo estará?, ¿Qué estará haciendo?, ¿Me habrá olvidado ya?"... pensaba, pensaba y no podía dejar de pensar, cada uno de esos pensamientos, como granizo golpeaban sus recuerdos. De vez en cuando tenía que enjugar su rostro con lo poco seco que le quedaba en su camisa, quizás por las gotas de lluvia que en algunas ocasiones invadían su reino, no lo sé...

Así pasaron los minutos e incluso hubieran pasado las horas, de no ser por culpa de un arrebato de valentía que hizo a nuestro héroe tomar su teléfono y marcar de memoria un número, donde contestó una mujer llamada Laura, nueva propietaria de esa línea telefónica. Se desanimó un poco, pero no podía detenerse, necesitaba verla, explicarle todo, escucharla, pedirle disculpas, qué se yo; nuestro náufrago se había hecho a la mar, abandonando su isla sin ninguna posibilidad de volver, no podía hacerlo, no quería hacerlo. Mojado tal cual estaba, tomó un  autobús , que lo llevaría al otro lado de la ciudad, solo quería verla, y mientras en el radio sonaba, algo como que "los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí", sonreía y reía como un loco, mientras el autobús avanzaba...

*** 
He de confesar, que luego de escuchar esta misma historia visité la misma parada de autobús y estoy consiente que en ella no estaba escrita tal cosa, que incluso no pudo haber leído nada de lo que leyó aquel día, tenía una semana de haber sido instalada y lucia impecable... Algunas veces los héroes solo pueden salvarse a sí mismos.

domingo, 6 de abril de 2014

E de Ella.

-“¿Y Ella?, pues, Ella es hermosa, brillante… casi como una llama de fuego…”

Decía esto como buscando una explicación a todo lo que sentía en ese instante, mientras perdía su mirada en la chimenea recién atizada. La conocía desde hacia ya mucho tiempo, y estaba seguro que no pudo haberlo explicado mejor.

-“Es como el fuego”, repitió, “camina e irradia calor, habla y emite luz. ¡Energía en una de sus formas más bellas!”.

Tomó un gran sorbo de la bebida que había estado tomando toda la noche hasta acabarla, y mientras movía los cubos de hielo del vaso, en forma circular, como jugando un poco con la fuerza centrípeta, dijo:

- “Y yo, como agua…”

Levantó la vista y como intentando entender una nueva teoría, repitió con una voz un poco más alta: “¡Yo soy agua!”

Se levantó de su cómodo sillón para llenar otra vez su vaso, y continuó hablando conmigo de manera normal, contándome un poco de lo que había ocurrido durante los meses de mi ausencia cuando, para disgusto mío, continuó con los símiles y las metáforas…

-“… y es por eso que no sé como podemos continuar juntos. Un poco de mí hacia Ella solo lograría que me evaporara lentamente; mucho… apagaría a E. hasta que solo hubiera humo. Detesto el humo.”

Era una noche de octubre y un poco fría. Me despedí del profesor para intentar dejarlo sólo con sus pensamientos, había sido un día largo y confuso para todos y cuando me dirigía hacia mi cuarto, se levantó, apagó la chimenea y con una voz apenas perceptible para mí, repitió: “¡No podemos estar juntos!”, mientras de las cenizas subían largas ondulaciones de humo negro, como el cabello de E., que se perdían en la oscuridad del enladrillado…

sábado, 22 de marzo de 2014

La muerte de don Blas el paragüero

Carlos Salazar Herrera


Don Blas era paragüero y se parecía bastante a un paraguas. Es decir: don Blas, a fuerza de vivir entre paraguas, confundíase físicamente con el medio en que vivía.
Insistimos: nuestro personaje era serio como un paraguas.
¿Ha visto usted algo más serio que un paraguas?
Era, pues -seguimos hablando de don Blas-, flaco de carnes, oscuro de piel, largo de figura y dueños de una estupenda nariz aguileña. 
Vestía invariablemente de negro y, como es de suponer, sus trajes le venían harto holgados, como un paraguas cerrado. 
bueno, con decirle a usted que hasta su nombres era onomatopéyico, si imitamos el sonido que produce un paraguas cuando se abre violentamente: ¡Blas!
No queda, siendo así y según sospechamos, la menor duda de que nuestro paragüero era semejante a un paraguas, de puño a pincho.

***

Antes de entrar en materia, todavía hemos de referirnos, en algunas líneas, a otros aspectos relacionados con nuestro buen señor, para una mejor reseña que conduzca al cabal entendimiento de esta breve y sentimental historia.
Don Blas -puro y transparente como un vaso de agua llovida- era solterón, carente de familia y cumplido administrador, tanto en su taller de reparaciones paragüerile, como en su metódica y rutinaria vida de poco menos de cincuenta inviernos.
Su única inquietud eran los largos veranos, que menguaban los intereses de su negocio, y su mayor regocijo el estrépito de un torrencial aguacero.
Ahora sí, ya conocemos a don Blas en figura; someramente su carácter, y a continuación veremos cómo una chica, sin la mejor culpa, fue la causa que dio al traste con una perfecta organización humana.

***

Pues resulta que don Blas se enamoró hasta las varillas de una linda vecinita y claro, a sus años - los del paragüero-. una pasioncilla es tremenda; tanto más, como que nuestro personaje era bastante tímido y como tal, jamás se atrevió a obsequiar a tan delicada criatura ni siquiera con un requiebro que, sin duda, lo pondría en ridículo; y eso, ¡de ningún modo!
La joven ignoraba que había movido los más íntimos sentimientos del paragüero; con todo y que las mujeres suelen advertir cuando mueven a su paso, así sea un ladrillo del pavimento.

***

Pues bien, don Blas... murió de un aguacero.
¿Cómo así?
Verá usted:
Cierto domingo tuvo lugar un desfile carnavalesco, y nuestro hombre decidió concurrir al alegre espectáculo. Asistiendo a él, a la sazón de pronto e inesperadamente comenzó a llover y, al abrir el paraguas, vio entre la multitud y a pocos pasos de distancia a su amada vecina, desprovista de sombrilla o impermeable alguno.
La ocasión era asaz fortuita para ofrecerle un oportuno servicio mediante un gesto de cortesía, amén de un pretexto para entablar conversación con su idolatrada.
Con los primeros goterones llegose gentil donde su vecinita, a brindarle la protección de su paraguas; refugio que aceptó la chica con regocijada gratitud.
La lluvia arreciaba y don Blas, por guarecer del chubasco a la damita cuanto fuera posible, recibía sobre sus espaldas buena parte del aguacero; así como los chorros que caían por las puntas del varillaje, si que le importara un bledo mojarse, dada la satisfacción de prestar atención aquella gratuita merced.
El chaparrón se convirtió en fenomenal turbonada, como tal violencia que dispersó en pocos momentos el desfile, cuyos espectadores se peleaban por ocupar los pocos taxis que estaban en servicio.
Don Blas y su protegida resolvieron caminar hasta sus respectivas casas, ubicadas no muy lejos de la calle del carnaval.
El paragüero llegó a la suya hecho una sopa, estornudando estrepitosamente y calado hasta la armazón.
El resfriado se complicó de tal modo que, al cabo de tres días terminó para siempre aquella laboriosa existencia.
A las cinco de la tarde lo enterraron y, entre la media docena de acompañantes en el sepelio, solo hubo unos ojos que se humedecieron: los de Rosita, tal el nombre de la vecina del galante paragüero.

***

¿Y qué más...?
¡Poca cosa!
La noche, salpicada de estrellas se abrió sobre la tumba como un inmenso paraguas que estuviese lleno de agujeros.

viernes, 28 de febrero de 2014

Un año más (¿o menos?)

Estimado No-lector, desde la última vez que tuve oportunidad de escribir hasta ahora, ha pasado mucho tiempo y "agua debajo del puente", sucesos importantes que deberían venir al caso, por lo que es justo y necesario hablar sobre un par de tópicos y conclusiones a las que he podido llegar en estas semana; con esto no quiero decir que dichas conclusiones sean dulces, pero, conclusiones al fin y al cabo.

Esta semana, en especial ésta, es una de las complicadas, y eso que durante lo que llevamos del año han habido semanas complicadas... Y es que al ser la semana previa a mi cumpleaños, la gente y yo nos encargamos, consiente o inconscientemente, de recordarme lo viejo que estoy. Y es que quizá es una idea mía, pero parece ayer que estaba saliendo de la escuela, parece ayer que gozoso cantaba, como lo hizo Gardel por todo lado, que veinte años no son nada; y no fue ayer. No ayuda nadie, ni incluso mi padre, cuando en sus arrebatos filosóficos dice: "¡Qué rápido va el año, igual que la vida!"... ni siquiera yo mismo me ayudo.

Y en estos días vienen los recuerdos, de épocas pasadas, de acciones tontas (dignas de todo un puberto), de gente que se fue y no ha vuelto y de los que se quedaron. Es extraño. Me encontré con amigos que tenía mucho tiempo de no ver, conté cosas que tenía mucho tiempo de no contar y visité lugares que me remontan a historias de hace cinco años o más. ¿Por qué? El universo ocioso "conspira" para recordarme, como decía Bunbury, que "de todo comienza a ser ya mucho tiempo", y yo tampoco me ayudo. Quizá sea culpa de una de esas crisis de los "veintitantos" o la cansina costumbre de compararse con el resto: "Fulanito ya está casado con hijos y un trabajo estable", "Sutanito se pasea por el mundo mientras cambia de auto cada seis meses", "A su edad ya yo tenía un título y dos años de trabajar", y yo aquí, con salud, ¡Mucho gusto y me alegra verlo!. Costumbre, cumbre, herrumbre...

Y es que hace poco más de tres años (¡TRES AÑOS!) que decidí comenzar mi preparación universitaria, uno de los grandes obstáculos con los que me tope, fue sin lugar a dudas, mi ineptitud para el estudio. El primer año fui un real y completo fracaso, apenas si pasé los cursos que tenía que pasar por obra y gracia del Espíritu Santo, literalmente... La frustración no tardó en aparecer y confieso que muchas veces me sentí la persona más idiota que jamás entró en una universidad, aunque creo que de esto ya he hablado, y si no lo he hecho lo haré en otra ocasión con más detalle. Pero se superan las cosas, el trabajo y la dedicación le quitan el peso a las frustraciones, y en un momento llega una clave, una luz, que te invita a caminar justo detrás del Creador, aunque cueste, y esto hace que los imposibles se conviertan en realizables y en proezas legendarias, algo así como las que se escribieron en el libro de Josué, o al menos, así las siento; y con el pasar del tiempo llegan nuevas presiones, y otros problemas, y vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades todo es vanidad.

Justo entonces es cuando me quiebro otra vez y me pierdo de nuevo, y lo sigo a Él, como lo hizo Pedro antes de negarlo tres veces, de lejos, incluso perdiéndolo de vista (como el torpe ser humano que soy); y entonces, ¿Qué tipo de persona y de cristiano soy?, ¿Qué hacer?, ¿Cómo levantarse y caminar de nuevo?... y creo que de esto se trata todo. En estas crisis conviene a veces replantearse, con coraje y verse sin caretas a un espejo para descubrir realmente la persona que se es y pensar en la que se quiere llegar a ser, y en ese acto de honestidad, cuando se confiesan delante del Padre las faltas que, como un silbo apacible y delicado, recuerdas que Cristo espera con los brazos abiertos a los cansados y trabajados y que "Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas." Porque "los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán." Perdonar, levantar, caminar...

Entonces, ¿cómo no recordar todo lo que sí tengo? Creo que esta semana ha sido una táctica empeñada a que quite la atención de las cosas que de verdad valen la pena y ponerla en las que no; y que he caído en la trampa, otra vez, como muchas otras veces en el pasado, y quizás en el futuro. Pero hoy, estoy convencido de que no se puede pedir nada más de lo que tengo y Dios me ha dado desde entonces. En veces es necesario y dulce, el simple hecho de hacerlo. "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora..."

Como lo he comentado en otras ocasiones, soy un gran fanático al fútbol y desde siempre he seguido al equipo blaugrana de Barcelona. Hace un poco más de dos año, cuando el técnico Guardiola anunció su renuncia definitiva, en una de sus tantas conferencias de despedida, dijo sobre el jugador maliense Seydou Keita: "Me he acordado mucho de Abidal; de Keita que ha sido mi termómetro vital... Me voy feliz." Pido disculpas si muchas cosas las termino relacionando con el ámbito futbolístico, pero no hubo forma que hoy no relacionara estas palabras, luego de poder recordar a unas de esas personas que son "mi termómetro vital". Definitivamente es bueno tener gente de confianza, a quién poderle contar tus problemas o inquietudes o el simple hecho de poder hablar paja un rato, para no volverse loco, esa gente que llegó un día y dichosamente no se va. ¡Qué bueno es poder agradecerle a Dios el detalle que tuvo conmigo al ponerlos en mi vida y que muchas veces no merezco! Estoy hablando de mi familia y de mis amigos. Uno nunca deja de agradecer ciertas existencias...

Quizás, una de las cosas buenas de que se acabe un año más de vida es que se tiene tiempo de meditar, echar un vistazo hacia atrás y hacer un breve recuento de todo lo ocurrido; con todo lo cliché que pueda sonar, estimado no-lector. Una de las causas por las que pienso que esto pasa es porque es una época donde se dispone de un poco más de tiempo libre, ya que no existen las preocupaciones habituales de la vida académica y  luego de un año muy extraño, puedo decir que: "¡Aquí Estoy!", viviendo, respirando, caminando, leyendo, observando, pensando, recordando, amando y escribiendo (y es probable que en ese orden); y por las razones que sólo el Creador conoce sigo aquí y agradezco por eso y por todo lo que ha pasado, y lo que falta. Dice la Biblia que Caleb era de la edad de ochenta y cinco años cuando conquistó Hebrón, por lo que es probable que para el que aquí escribe el Padre tenga aún algo planeado, teniendo éste un poco menos de un tercio de esa edad; y como dijo un escritor y mi trompetista favorito: "lo mejor está por venir". Venir, redimir, vivir, reír...