sábado, 7 de junio de 2014

Going Nowhere

Oasis
I hate the way that you've taken back
Everything you've given to me
And the way that you'd always say
It's nothing to do with me
Different versions of many men
Come before you came
All their questions was similar
The answers just the same 

I could do with a motor car
Maybe a Jaguar maybe a plane or a day of fame
I wanna be a millionaire so can you take me there
Wanna be wild cos my life's so tame
Here am I, going nowhere on a train 
Here am I, growing older in the rain


***

Ésta es una de las canciones que forma parte de mi "soundtrack" para estas alturas del semestre. Si en algún momento, siente la necesidad de cantarla a todo pulmón, sepa que en esta parte del mundo la estaré cantando con usted.

miércoles, 4 de junio de 2014

Naufragio

Todo empezó una tarde... o quizás no. La mayoría de historias que pasan y carecen de importancia para la mayoría de las personas, no precisan de alguna ubicación en el espacio o el tiempo; la que hoy nos trae hasta acá puede ser ubicada, o no, en la tarde de un catorce de abril sin influir estrictamente en el desarrollo de los hechos en cuestión. Puede ser incluso, que ésta haya ocurrido en alguna hora posterior a las 12 m. d..; pero estos detalles quedarán libres para que, de alguna forma, el lector pueda crear diferentes escenarios, todos ellos relacionados a una misma historia. Eso sí, un detalle que no se debe pasar por alto y que lastimosamente no se puede dejar a criterio del lector es el tiempo. El tiempo era cambiante y extraño en esa época del año, de un incandescente sol a la torrencial lluvia solo había dos horas de diferencia, hecho que, si bien es muy común en el trópico, tomó por sorpresa al héroe de nuestra historia, que mientras caminaba rumbo a su casa, tuvo que buscar refugio en una parada de autobús, y gracias a este simulacro de tormenta que recién comenzaba y convencido que una lluvia de esa magnitud solo agravaría su estado de salud , que por aquellos días no andaba muy bien, lo tuvo detenido en ese sitio un largo tiempo...

 ¿Qué se hace mientras se espera?, ¿cómo matar el tiempo que pasa lento cuando se espera? Pensaba en él mismo como un náufrago sobreviviente de algún desastre... Estaba prácticamente recluido, el naufragio lo había traído hasta una isla de tres metros de ancho por cuatro de largo, y todo alrededor era gris y húmedo, mientras el ensordecedor ruido del agua emulaba el oleaje de un mar tempestuoso. Estuvo dando vueltas alrededor de su isla, buscando la forma de escapar sin terminar completamente mojado, pero no lo consiguió y finalmente resolvió sentarse en la banca, mojando así, únicamente su pantalón negro.

Si bien es cierto, en la mayoría de historias de naufragios hay mensajes que llegan encerrados en una botella, para nuestro amigo no existía tal cosa, eso sí, alrededor suyo pudo leer mensajes de todos los náufragos que lo precedieron, escritos en forma de grafitti y por todas partes. En algunos solo estaban sus nombres, en otros, palabras que hacía mucho tiempo no pronunciaba e incluso la mala reputación de algún otro, sin embargo, en uno leyó: "De todas las cosas lindas que hay en este mundo, me tocó a mí, verte cada mañana."...

Leyó la frase al menos unas tres veces más, le resultó imposible no pensar en C. mientras lo hacía. Le  pareció curioso como esa misma frase lo había despertado en la mañana y como desde entonces no había podido sacar a C. de su cabeza; sacó un cálculo estimado de la cantidad de tiempo que tenía de no verla ni escucharla, como si éste fuera un buen parámetro de medición en estos casos, como si la operación al final no arrojara un resultado dañino para él. "¿Cómo estará?, ¿Qué estará haciendo?, ¿Me habrá olvidado ya?"... pensaba, pensaba y no podía dejar de pensar, cada uno de esos pensamientos, como granizo golpeaban sus recuerdos. De vez en cuando tenía que enjugar su rostro con lo poco seco que le quedaba en su camisa, quizás por las gotas de lluvia que en algunas ocasiones invadían su reino, no lo sé...

Así pasaron los minutos e incluso hubieran pasado las horas, de no ser por culpa de un arrebato de valentía que hizo a nuestro héroe tomar su teléfono y marcar de memoria un número, donde contestó una mujer llamada Laura, nueva propietaria de esa línea telefónica. Se desanimó un poco, pero no podía detenerse, necesitaba verla, explicarle todo, escucharla, pedirle disculpas, qué se yo; nuestro náufrago se había hecho a la mar, abandonando su isla sin ninguna posibilidad de volver, no podía hacerlo, no quería hacerlo. Mojado tal cual estaba, tomó un  autobús , que lo llevaría al otro lado de la ciudad, solo quería verla, y mientras en el radio sonaba, algo como que "los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí", sonreía y reía como un loco, mientras el autobús avanzaba...

*** 
He de confesar, que luego de escuchar esta misma historia visité la misma parada de autobús y estoy consiente que en ella no estaba escrita tal cosa, que incluso no pudo haber leído nada de lo que leyó aquel día, tenía una semana de haber sido instalada y lucia impecable... Algunas veces los héroes solo pueden salvarse a sí mismos.

domingo, 6 de abril de 2014

E de Ella.

-“¿Y Ella?, pues, Ella es hermosa, brillante… casi como una llama de fuego…”

Decía esto como buscando una explicación a todo lo que sentía en ese instante, mientras perdía su mirada en la chimenea recién atizada. La conocía desde hacia ya mucho tiempo, y estaba seguro que no pudo haberlo explicado mejor.

-“Es como el fuego”, repitió, “camina e irradia calor, habla y emite luz. ¡Energía en una de sus formas más bellas!”.

Tomó un gran sorbo de la bebida que había estado tomando toda la noche hasta acabarla, y mientras movía los cubos de hielo del vaso, en forma circular, como jugando un poco con la fuerza centrípeta, dijo:

- “Y yo, como agua…”

Levantó la vista y como intentando entender una nueva teoría, repitió con una voz un poco más alta: “¡Yo soy agua!”

Se levantó de su cómodo sillón para llenar otra vez su vaso, y continuó hablando conmigo de manera normal, contándome un poco de lo que había ocurrido durante los meses de mi ausencia cuando, para disgusto mío, continuó con los símiles y las metáforas…

-“… y es por eso que no sé como podemos continuar juntos. Un poco de mí hacia Ella solo lograría que me evaporara lentamente; mucho… apagaría a E. hasta que solo hubiera humo. Detesto el humo.”

Era una noche de octubre y un poco fría. Me despedí del profesor para intentar dejarlo sólo con sus pensamientos, había sido un día largo y confuso para todos y cuando me dirigía hacia mi cuarto, se levantó, apagó la chimenea y con una voz apenas perceptible para mí, repitió: “¡No podemos estar juntos!”, mientras de las cenizas subían largas ondulaciones de humo negro, como el cabello de E., que se perdían en la oscuridad del enladrillado…

sábado, 22 de marzo de 2014

La muerte de don Blas el paragüero

Carlos Salazar Herrera


Don Blas era paragüero y se parecía bastante a un paraguas. Es decir: don Blas, a fuerza de vivir entre paraguas, confundíase físicamente con el medio en que vivía.
Insistimos: nuestro personaje era serio como un paraguas.
¿Ha visto usted algo más serio que un paraguas?
Era, pues -seguimos hablando de don Blas-, flaco de carnes, oscuro de piel, largo de figura y dueños de una estupenda nariz aguileña. 
Vestía invariablemente de negro y, como es de suponer, sus trajes le venían harto holgados, como un paraguas cerrado. 
bueno, con decirle a usted que hasta su nombres era onomatopéyico, si imitamos el sonido que produce un paraguas cuando se abre violentamente: ¡Blas!
No queda, siendo así y según sospechamos, la menor duda de que nuestro paragüero era semejante a un paraguas, de puño a pincho.

***

Antes de entrar en materia, todavía hemos de referirnos, en algunas líneas, a otros aspectos relacionados con nuestro buen señor, para una mejor reseña que conduzca al cabal entendimiento de esta breve y sentimental historia.
Don Blas -puro y transparente como un vaso de agua llovida- era solterón, carente de familia y cumplido administrador, tanto en su taller de reparaciones paragüerile, como en su metódica y rutinaria vida de poco menos de cincuenta inviernos.
Su única inquietud eran los largos veranos, que menguaban los intereses de su negocio, y su mayor regocijo el estrépito de un torrencial aguacero.
Ahora sí, ya conocemos a don Blas en figura; someramente su carácter, y a continuación veremos cómo una chica, sin la mejor culpa, fue la causa que dio al traste con una perfecta organización humana.

***

Pues resulta que don Blas se enamoró hasta las varillas de una linda vecinita y claro, a sus años - los del paragüero-. una pasioncilla es tremenda; tanto más, como que nuestro personaje era bastante tímido y como tal, jamás se atrevió a obsequiar a tan delicada criatura ni siquiera con un requiebro que, sin duda, lo pondría en ridículo; y eso, ¡de ningún modo!
La joven ignoraba que había movido los más íntimos sentimientos del paragüero; con todo y que las mujeres suelen advertir cuando mueven a su paso, así sea un ladrillo del pavimento.

***

Pues bien, don Blas... murió de un aguacero.
¿Cómo así?
Verá usted:
Cierto domingo tuvo lugar un desfile carnavalesco, y nuestro hombre decidió concurrir al alegre espectáculo. Asistiendo a él, a la sazón de pronto e inesperadamente comenzó a llover y, al abrir el paraguas, vio entre la multitud y a pocos pasos de distancia a su amada vecina, desprovista de sombrilla o impermeable alguno.
La ocasión era asaz fortuita para ofrecerle un oportuno servicio mediante un gesto de cortesía, amén de un pretexto para entablar conversación con su idolatrada.
Con los primeros goterones llegose gentil donde su vecinita, a brindarle la protección de su paraguas; refugio que aceptó la chica con regocijada gratitud.
La lluvia arreciaba y don Blas, por guarecer del chubasco a la damita cuanto fuera posible, recibía sobre sus espaldas buena parte del aguacero; así como los chorros que caían por las puntas del varillaje, si que le importara un bledo mojarse, dada la satisfacción de prestar atención aquella gratuita merced.
El chaparrón se convirtió en fenomenal turbonada, como tal violencia que dispersó en pocos momentos el desfile, cuyos espectadores se peleaban por ocupar los pocos taxis que estaban en servicio.
Don Blas y su protegida resolvieron caminar hasta sus respectivas casas, ubicadas no muy lejos de la calle del carnaval.
El paragüero llegó a la suya hecho una sopa, estornudando estrepitosamente y calado hasta la armazón.
El resfriado se complicó de tal modo que, al cabo de tres días terminó para siempre aquella laboriosa existencia.
A las cinco de la tarde lo enterraron y, entre la media docena de acompañantes en el sepelio, solo hubo unos ojos que se humedecieron: los de Rosita, tal el nombre de la vecina del galante paragüero.

***

¿Y qué más...?
¡Poca cosa!
La noche, salpicada de estrellas se abrió sobre la tumba como un inmenso paraguas que estuviese lleno de agujeros.

viernes, 28 de febrero de 2014

Un año más (¿o menos?)

Estimado No-lector, desde la última vez que tuve oportunidad de escribir hasta ahora, ha pasado mucho tiempo y "agua debajo del puente", sucesos importantes que deberían venir al caso, por lo que es justo y necesario hablar sobre un par de tópicos y conclusiones a las que he podido llegar en estas semana; con esto no quiero decir que dichas conclusiones sean dulces, pero, conclusiones al fin y al cabo.

Esta semana, en especial ésta, es una de las complicadas, y eso que durante lo que llevamos del año han habido semanas complicadas... Y es que al ser la semana previa a mi cumpleaños, la gente y yo nos encargamos, consiente o inconscientemente, de recordarme lo viejo que estoy. Y es que quizá es una idea mía, pero parece ayer que estaba saliendo de la escuela, parece ayer que gozoso cantaba, como lo hizo Gardel por todo lado, que veinte años no son nada; y no fue ayer. No ayuda nadie, ni incluso mi padre, cuando en sus arrebatos filosóficos dice: "¡Qué rápido va el año, igual que la vida!"... ni siquiera yo mismo me ayudo.

Y en estos días vienen los recuerdos, de épocas pasadas, de acciones tontas (dignas de todo un puberto), de gente que se fue y no ha vuelto y de los que se quedaron. Es extraño. Me encontré con amigos que tenía mucho tiempo de no ver, conté cosas que tenía mucho tiempo de no contar y visité lugares que me remontan a historias de hace cinco años o más. ¿Por qué? El universo ocioso "conspira" para recordarme, como decía Bunbury, que "de todo comienza a ser ya mucho tiempo", y yo tampoco me ayudo. Quizá sea culpa de una de esas crisis de los "veintitantos" o la cansina costumbre de compararse con el resto: "Fulanito ya está casado con hijos y un trabajo estable", "Sutanito se pasea por el mundo mientras cambia de auto cada seis meses", "A su edad ya yo tenía un título y dos años de trabajar", y yo aquí, con salud, ¡Mucho gusto y me alegra verlo!. Costumbre, cumbre, herrumbre...

Y es que hace poco más de tres años (¡TRES AÑOS!) que decidí comenzar mi preparación universitaria, uno de los grandes obstáculos con los que me tope, fue sin lugar a dudas, mi ineptitud para el estudio. El primer año fui un real y completo fracaso, apenas si pasé los cursos que tenía que pasar por obra y gracia del Espíritu Santo, literalmente... La frustración no tardó en aparecer y confieso que muchas veces me sentí la persona más idiota que jamás entró en una universidad, aunque creo que de esto ya he hablado, y si no lo he hecho lo haré en otra ocasión con más detalle. Pero se superan las cosas, el trabajo y la dedicación le quitan el peso a las frustraciones, y en un momento llega una clave, una luz, que te invita a caminar justo detrás del Creador, aunque cueste, y esto hace que los imposibles se conviertan en realizables y en proezas legendarias, algo así como las que se escribieron en el libro de Josué, o al menos, así las siento; y con el pasar del tiempo llegan nuevas presiones, y otros problemas, y vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades todo es vanidad.

Justo entonces es cuando me quiebro otra vez y me pierdo de nuevo, y lo sigo a Él, como lo hizo Pedro antes de negarlo tres veces, de lejos, incluso perdiéndolo de vista (como el torpe ser humano que soy); y entonces, ¿Qué tipo de persona y de cristiano soy?, ¿Qué hacer?, ¿Cómo levantarse y caminar de nuevo?... y creo que de esto se trata todo. En estas crisis conviene a veces replantearse, con coraje y verse sin caretas a un espejo para descubrir realmente la persona que se es y pensar en la que se quiere llegar a ser, y en ese acto de honestidad, cuando se confiesan delante del Padre las faltas que, como un silbo apacible y delicado, recuerdas que Cristo espera con los brazos abiertos a los cansados y trabajados y que "Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas." Porque "los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán." Perdonar, levantar, caminar...

Entonces, ¿cómo no recordar todo lo que sí tengo? Creo que esta semana ha sido una táctica empeñada a que quite la atención de las cosas que de verdad valen la pena y ponerla en las que no; y que he caído en la trampa, otra vez, como muchas otras veces en el pasado, y quizás en el futuro. Pero hoy, estoy convencido de que no se puede pedir nada más de lo que tengo y Dios me ha dado desde entonces. En veces es necesario y dulce, el simple hecho de hacerlo. "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora..."

Como lo he comentado en otras ocasiones, soy un gran fanático al fútbol y desde siempre he seguido al equipo blaugrana de Barcelona. Hace un poco más de dos año, cuando el técnico Guardiola anunció su renuncia definitiva, en una de sus tantas conferencias de despedida, dijo sobre el jugador maliense Seydou Keita: "Me he acordado mucho de Abidal; de Keita que ha sido mi termómetro vital... Me voy feliz." Pido disculpas si muchas cosas las termino relacionando con el ámbito futbolístico, pero no hubo forma que hoy no relacionara estas palabras, luego de poder recordar a unas de esas personas que son "mi termómetro vital". Definitivamente es bueno tener gente de confianza, a quién poderle contar tus problemas o inquietudes o el simple hecho de poder hablar paja un rato, para no volverse loco, esa gente que llegó un día y dichosamente no se va. ¡Qué bueno es poder agradecerle a Dios el detalle que tuvo conmigo al ponerlos en mi vida y que muchas veces no merezco! Estoy hablando de mi familia y de mis amigos. Uno nunca deja de agradecer ciertas existencias...

Quizás, una de las cosas buenas de que se acabe un año más de vida es que se tiene tiempo de meditar, echar un vistazo hacia atrás y hacer un breve recuento de todo lo ocurrido; con todo lo cliché que pueda sonar, estimado no-lector. Una de las causas por las que pienso que esto pasa es porque es una época donde se dispone de un poco más de tiempo libre, ya que no existen las preocupaciones habituales de la vida académica y  luego de un año muy extraño, puedo decir que: "¡Aquí Estoy!", viviendo, respirando, caminando, leyendo, observando, pensando, recordando, amando y escribiendo (y es probable que en ese orden); y por las razones que sólo el Creador conoce sigo aquí y agradezco por eso y por todo lo que ha pasado, y lo que falta. Dice la Biblia que Caleb era de la edad de ochenta y cinco años cuando conquistó Hebrón, por lo que es probable que para el que aquí escribe el Padre tenga aún algo planeado, teniendo éste un poco menos de un tercio de esa edad; y como dijo un escritor y mi trompetista favorito: "lo mejor está por venir". Venir, redimir, vivir, reír...

viernes, 17 de enero de 2014

Corazón coraza.


Mario Benedetti.

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

***
Siguiendo un poco la temática "cardíaca" que ha tomado recientemente este blog, algo del maestro Benedetti. 

sábado, 4 de enero de 2014

Corazón... mi Corazón.

Corazón... Mi Corazón.
¡Ay, Mi Corazón! No late ese corazón.

¿Cuán perdido se puede llegar a sentir un corazón encontrado? 
¿Cuánto margen de error tiene ese corazón, Mi Corazón?
¿Desde hace cuánto tiempo es un círculo el camino del corazón encontrado?
¿Tiene aún esperanzas ese corazón, Mi Corazón?

No le digas a nadie, corazón, que desde la última vez que te vi, parecías inerte y frío.
Inerte como roca, corazón. Frío como tu rostro cuando me equivoco, Mi Corazón.

Dicen, corazón, que el que no aprende de sus errores, condenado está a repetirlos...
¿Hasta cuándo aprenderá ese corazón, Mi Corazón?
¿Cómo huye del error ese corazón, si su error es él mismo, mi Corazón?

Sólo te pido, Mi Corazón, que restaures ese corazón y que sea limpio, 
Como cuando lo sanaste... como cuando lo encontraste.
¿Todavía puede latir ese corazón, Mi Corazón?

¡Cuánta fuerza le hace falta a ese corazón, Mi Corazón!
Y es apremiante...
¡Cuánto carácter le hace falta a ese corazón, Mi Corazón!
Y es urgente...

¿Puede existir un nuevo corazón de la escoria en la que se ha convertido ese corazón, Mi Corazón?
Dicen que tú haces nuevo, lo viejo...
¿Puede vivir un corazón, luego de que se ha convertido en roca fría y áspera, Mi Corazón?
Dicen que tú quitas el de piedra y das uno de carne...

Si existe esperanza, que fluya Tu Sangre, que fluya y nutra a este muerto corazón, Mi Corazón.
Sí, existe esperanza...
Si aún puede volver a ser encontrado, que llene Tu Gracia, que llene y vivifique a este muerto corazón, Mi Corazón.
Sí, aún puede volver a ser encontrado...

Y que regrese la felicidad, la paz y la dicha.
Que no se regocije mi enemigo, que aún no ha vencido a este corazón, por Mi Corazón.

Y que se vaya la amargura, la frustración y la maldad.
Que se regocijen mis amigos, que ha vuelto a latir este corazón, por Mi Corazón.

Que así se haga y no permitas que vuelva a morir éste, mi corazón, Mi Corazón... 
Amén.

***
Esto no pretende tener el sentido adecuado, ni la escritura, ni la métrica correcta, incluso es repetitivo,  que si vale la onomatopeya sería como un "¡Tum tum, tum tum!", algo similar al sonido que produce el que ha escrito...


viernes, 20 de diciembre de 2013

"Me Dueles"

Jaime Sabines


Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
Nada queda de mí después de este amor. 

Entre los escombros de mi alma, búscame, 
escúchame. 
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

Atravesando muros, atmósferas, edades, 
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) 
viene desde la muerte, desde antes 
del primer día que despertara al mundo. 

¡Qué claridad de rostro, qué ternura 
de luz ensimismada, 
qué dibujo de miel sobre hojas de agua! 

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos. 
Soy como el hijo de tus ojos, 
como una gota de tus ojos soy. 
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, 
del suelo, de la sombra que pisas, 
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. 
Levántame. Porque he caído de tus manos 
y quiero vivir, vivir, vivir.


***

Existen cosas que solo pueden ser explicadas por cosas que alguien ya escribió antes... espero que sea de su agrado este poema de Sabines, como lo fue para mí.

sábado, 2 de noviembre de 2013

"Holland Road"

Mumford and Sons

So I was lost, go count the cost,
Before you go to the holland road,
With your heart like a stone you spared no time in lashing out,
And I knew your pain and the effect of my shame, but you cut me down, you cut me down,

And I will not tell the thoughts of hell
That carried me home from the Holland road
With my heart like a stone and I put up no fight
To your callous mind, and from your corner you rose to cut me down, you cut me down,

So I hit my low, but little did I know that would not be the end,
From the holland road well I rose and I rose, and I paid less time,
To your callous mind, and I wished you well as you cut me down, you cut me down,

But I'll still believe though there's cracks you'll see,
When I'm on my knees I'll still believe,
And when I've hit the ground, neither lost nor found,
If YOU'll believe in me I'll still believe


***

Iba caminando por cierto lugar de los Yoses, luego de semanas convulsas y cosas mal hechas, cuando de repente, el "shuffle" de mi reproductor de música sonó está canción... Atravesé el lugar que tantas veces había recorrido, me detuve un momento, y seguí caminando, mientras seguía sonando esto, como especie de "soundtrack" . ¿No es, acaso, una genialidad hecha lírica?

viernes, 4 de octubre de 2013

De los objetos perdidos.

Exaltado despertó una mañana y no los encontró. Estaba completamente seguro que los había dejado en su mesita de noche. Comenzó con todos los tramites protocolarios que conllevan el proceso de perder algo e intentar encontrarlo luego; en esto se había hecho un experto, sufría un caso típico de perdida de memoria provocada por estrés, o por lo menos esto era lo que su doctor constantemente le decía, por lo que aprendió a convivir con ello.

Empezó tratando de recordar el lugar en donde los había visto por última vez, pero luego de unos minutos,  recién empezado este proceso, se preocupó sobremanera, se dio cuenta que no tenía ni idea de que era lo que estaba buscando,  sabía que eran muchos, que los necesitaría hoy y que no debía salir de casa sin ellos, pero en realidad no lo recordaba. "¡Que demonios es lo que tengo que buscar!" pensó un poco molesto, y luego de darle un par de vueltas más a sus pensamientos decidió no darle más importancia al asunto y emprender el proceso que conlleva el ir al trabajo, lo más pronto posible, antes de que acumulará su tercera llegada tardía de la semana.

Trabajaba en un edificio normal del centro, en un quinto piso normal, en un cubículo normal, al frente de una computadora normal, con un salario muy bueno y una vista espectacular... tapada por otro edificio más alto. No se podía pedir más por un trabajo de oficina, nuestro buscador de objetos perdidos no lo hacía, se limitaba a cumplir con sus obligaciones, y a hacerlas bien y con prontitud.

Al llegar a su casa, la situación no cambiaba mucho, nunca cambia mucho, para los hombres como nuestro buscador de objetos perdidos, las cosas son como son y se hace lo necesario para mantenerlas tan intactas como deberían de estar. Cuántas veces quiso dejar todo eso botado y no pudo, cuántas veces quiso no volver a la normalidad que acarreaba su trabajo... pero el peso de sus sueños muertos, de las culpas arrastradas y de años y años de comodidad no se lo permitió nunca, y esa noche, la noche antes de despertar exaltado, antes de que se sintiera con la inmensa necesidad de buscar las cosas que nunca se le habían perdido, descubrió en un momento, de esos calcados a otras noches, la llave del grillete, dentro de un montón de papeles blancos...

Papeles blancos como en los que garabateó, hacia ya veinticinco años, sus primeros poemas, sus primeros cuentos, sus primeros ensayos... Ordenaba papeles, como quién ordena recuerdos, y en un muy poco tiempo, nuestro buscador de objetos perdidos, decidió tomar un lápiz y escribir algo. "¿Escribir qué?". Comenzó con algo ya escrito, sin recordar que no era propio, y luego con las trivialidades de su vida, las normalidades de sus días y  las antigüedades de sus nostalgias.

"Cuando se tiene mucho tiempo de no practicar alguna destreza ya aprendida, es necesario empezar por lo básico, y en la labor de escribir, es vital la inspiración", o al menos, eso pensaba nuestro escritor y también buscador de objetos perdidos. Las musas, o mejor dicho, su musa, M., la de siempre, la que hacía mucho tiempo no veía, llamó con prontitud a su puerta. Por lo que se vio obligado a sacarle nuevamente punta a su lápiz y continuar violando los derechos de autor, con algo como: "Me gustas cuando callas, porque estás como ausente."... "¡No, no, pobre Neruda!" decía en voz alta y agitaba con fuerza el borrador, y volvía a pensar en M., ...a hacer tratos con M., dejando de lado su diagnosticado caso típico de perdida de memoria provocada por estrés, para recordar los instantes en que la vio por primera vez, sus conversaciones, algo, lo que fuera, necesitaba escribir, escribir para no morirse...  

Y una noche, esa noche, la noche anterior a levantarse exaltado, después de tanta espera, llegaron de nuevo los cuentos, los que nunca le pudo contar, los que fueron y volvieron, tal vez porque tomaron ejemplo de los doce que escribiera Márquez, errantes, y hasta algo tontos... eran suyos, otra vez...

***

A la mañana siguiente, mientras nuestro buscador de escritos perdidos se disponía a ir a su trabajo, y para su fortuna, sobre su portafolio encontró una carta escrita la noche anterior, titulada: "A quien interese", dirigida al que hasta ese momento era su jefe, y que después de una corta meditación recordó todo, resolvió enviarla por correo y aflojando su corbata, repetía con entusiasmo: "Hoy es siempre, todavía." mientras escribía algo propio en hojas de papel en blanco...